EVANGELIO DEL DÍA

lunes, 18 de octubre de 2010

Testimonio de un alma condenada

Carta de un alma condenada

Este texto, fuerte y conmovedor, nos lo envia un Sacerdote Jesuita amigo, quien lo acompaña con la siguiente introducción:

Este material no es del gusto actual, de la sociedad moderna, por supuesto del gusto mundano, ni lamentablemente de muchos entre los llamados fieles cristianos. Debemos prestar atención hoy día a esta realidad y verdad de fe definida en la Iglesia Católica, acerca de la existencia del infierno y de su duración eterna. Tristemente, el abandono consciente o inconsciente de su consideración, está llevando a muchos a negar su existencia, con consecuencias más que lamentables en la conducta y en su ineludible juicio Divino. Lo que sigue, guste o no,  no es argumento para adoptar la conocida actitud llamada del avestruz, de esconder la cabeza bajo las alas.

Este texto no configura ninguna definición eclesiástica, sino que es sólo un escrito privado que goza de licencia eclesiástica, para que pueda imprimirse y por tanto leerse.


Carta del más allá

Testimonio impresionante de un alma condenada, acerca de lo que la llevó al Infierno
Imprimatur del original alemán: Brief aus dem Jenseits - Treves, 9-11-1953.N.4/53



Introducción al texto original

Dios se comunica con los hombres de muchas maneras. Las Sagradas Escrituras se refieren a muchas comunicaciones divinas hechas a través de visiones y aún de sueños. Los sueños, no siempre son sólo sueños.


La "carta del más allá" que se transcribe seguidamente se refiere a la condenación eterna de una joven. A primera vista parece una historia novelada. Pero considerando las circunstancias se llega a la conclusión de que no deja de tener su fondo histórico, a partir de su sentido moral y su alcance trascendental.

El original de esta carta fue encontrado entre los papeles de una religiosa fallecida, amiga de la joven condenada. Allí cuenta la monja los acontecimientos de la vida de su compañera como si fueran hechos conocidos y verificados, así como su condenación eterna comunicada en un sueño. La Curia diocesana de Treves (Alemania) autorizó su publicación como lectura sumamente instructiva.

La "carta del más allá" apareció por primera vez en un libro de revelaciones y profecías, junto con otras narraciones. Fue el Rvdo. Padre Bernhardin Krempel C.P., doctor en teología, quien la publicó por separado y le confirió mayor autoridad al encargarse de probar, en las notas, la absoluta concordancia de la misma con la doctrina católica.

Entre los manuscritos dejados en su convento por una religiosa, que en el mundo se llamó Clara, se encontró el siguiente testimonio:


El relato de Clara



Tuve una amiga, Anita. Es decir, éramos muy próximas por ser vecinas y compañeras de trabajo en la misma oficina M. Más tarde, Ani se casó y no volví a verla. Desde que nos conocimos, había entre nosotras, en el fondo, más amabilidad que propiamente amistad. Por eso, sentí muy poco su ausencia cuando, después de su casamiento, ella fue a vivir al barrio elegante de las villas, lejos del mío.

Durante mis vacaciones en el Lago de Garda (Italia), en septiembre de 1937, recibí una carta de mi madre en la que me decía: "Anita N murió en un accidente automovilístico. La sepultaron ayer en Wald Friendhof". Me impresioné mucho con la noticia. Sabía que mi amiga no había sido propiamente religiosa. ¿Estaría preparada para presentarse ante Dios? ¿En qué estado la habría encontrado su muerte súbita? Al día siguiente escuché misa, comulgué por la intención de Anita, en la casa del pensionado de las hermanas, donde estaba viviendo. Rezaba fervorosamente por su eterno descanso, y por esta misma intención ofrecí la Santa Comunión.

Durante todo el día percibí un cierto malestar, que fue aumentando por la tarde. Dormí inquieta. Me desperté de improviso, escuchando algo así como una sacudida en la puerta del cuarto. Encendí la luz. El reloj indicaba las doce y diez minutos. Nada. Tampoco ruidos. Tan solo las olas del Lago de Garda golpeando monótonas contra el muro del jardín del pensionado. No había viento. Yo conservaba la impresión de que al despertar encontraría, además de los golpes de la puerta, un ruido de brisa o viento, parecido al que producía mi jefe de la oficina, cuando de mal humor tiraba sobre mi escritorio una carta que lo molestaba. Reflexioné un instante si debía levantarme. ¡No! Todo no es más que sugestión, me dije. Mi fantasía está sobresaltada por la noticia de la muerte. Me di vuelta en la cama, recé algunos Padrenuestros por las ánimas y me dormí de nuevo.

Soñé entonces que me levantaba de mañana, a las 6, yendo a la capilla. Al abrir la puerta del cuarto, me encontré con una cantidad de hojas de carta. Levantarlas, reconocer la letra de Anita y dar un grito, fue cosa de un segundo. Temblando, las sostuve en mis manos. Confieso que quedé tan aterrorizada que no pude rezar. Apenas respiraba. Nada mejor que huir de allí, salir al aire libre. Me arreglé rápidamente, puse la carta dentro de mi cartera y salí en seguida. Subí por el tortuoso camino, entre olivos, laureles y quintas de la villa, más allá del conocido camino gardesano.

La mañana aparecía radiante. En los días anteriores, yo me detenía cada cien pasos, maravillada por la vista que ofrecían el lago y la Isla de Garda. El suavísimo azul del agua me refrescaba; como una niña que mira admirada a su abuelo, así contemplaba, extasiada, al ceniciento monte Baldo, que se levanta en la orilla opuesta del lago, hasta los 2.200 metros de altura. Ese día no tenía ojos para todo eso. Después de caminar un cuarto de hora, me dejé caer maquinalmente sobre un banco ubicado entre dos cipreses, donde la víspera había leído con placer "La doncella Teresa". Por primera vez veía en los cipreses el símbolo de la muerte, algo en lo que antes no había pensado.

Tomé la carta. No tenía firma. Sin la menor duda, estaba escrita por Ani. No faltaba la gran "s", ni la "t" francesa, a la que se había acostumbrado en la oficina, para irritar al Sr. G. No era su estilo. Por lo menos, no era así como hablaba de costumbre. Lo habitual en ella era la conversación amable, la risa, subrayada por los ojos azules y su graciosa nariz...Sólo cuando discutíamos asuntos religiosos se volvía mordaz y caía en el tono rudo de la carta. Yo misma me siento envuelta por su excitada cadencia. Hela aquí, la Carta del Más Allá de Anita N., palabra por palabra, tal como la leí en el sueño.

 
La Carta


CLARA, NO RECES POR MÍ, ESTOY CONDENADA. Si te doy este aviso - es más, voy a hablarte largamente sobre esto - no creas que lo hago por amistad. Quienes estamos aquí ya no amamos a nadie. Lo hago como obligada. Es parte de la obra "de esa potencia que siempre quiere el mal y realiza el bien". En realidad, me gustaría verte aquí, adonde llegué para siempre. No te extrañes de mis intenciones. Aquí, todos pensamos así. Nuestra voluntad está petrificada en el mal, es decir, en aquello que ustedes consideran "mal". Aún cuando pueda hacer algo "bien" (como yo lo hago ahora, abriéndote los ojos ante el infierno), no lo hago con recta intención.

¿Recuerdas? Hace cuatro años que nos conocimos, en M. Tenías 23 años y ya trabajabas en el escritorio desde seis meses antes, cuando yo ingresé. Varias veces me sacaste de apuros. Con frecuencia me dabas buenos avisos que a mí, principiante, me venían muy bien. Pero, ¿qué es "bueno"? Yo ponderaba, en aquel entonces, tu "caridad". Ridículo... Tus ayudas eran pura ostentación, algo que desde entonces sospechaba.

Aquí, no reconocemos bien alguno en absolutamente nadie. Pero ya que conociste mi juventud, es el momento de llenar algunas lagunas. De acuerdo con los planes de mis padres, yo nunca tendría que haber existido. Por un descuido se produjo la desgracia de mi concepción. Mis hermanas tenían 14 y 16 años cuando vine al mundo. ¡Ojalá no hubiera nacido! Ojalá pudiera ahora aniquilarme, huir de estos tormentos! No hay placer comparable al de acabar mi existencia, así como se reduce a cenizas un vestido, sin dejar vestigios. Pero es necesario que exista. Es preciso que yo sea tal como me he hecho: con el fracaso total de la finalidad de mi existencia.

Cuando mis padres, entonces solteros, se mudaron del campo a la ciudad, perdieron el contacto con la Iglesia. Era mejor así. Mantenían relaciones con personas desvinculadas de la religión. Se conocieron en un baile, y se vieron "obligados" a casarse seis meses después. En la ceremonia nupcial, recibieron solo unas gotas de agua bendita, las suficientes para atraer a mamá a la misa dominical unas pocas veces al año. Ella nunca me enseñó verdaderamente a rezar. Todo su esfuerzo se agotaba en los trabajos cotidianos de la casa, aunque nuestra situación no era mala. Palabras como rezar, misa, agua bendita, iglesia, sólo puedo escribirlas con íntima repugnancia, con incomparable repulsión. Detesto profundamente a quienes van a la Iglesia y, en general, a todos los hombres y a todas las cosas. Todo es tormento. Cada conocimiento recibido, cada recuerdo de la vida y de lo que sabemos, se convierte en una llama incandescente.

Y todos estos recuerdos nos muestran las oportunidades en que despreciamos una gracia. Cómo me atormenta esto! No comemos, no dormimos, no andamos sobre nuestros pies. Espiritualmente encadenados, los réprobos contemplamos desesperados nuestra vida fracasada, aullando y rechinando los dientes, atormentados y llenos de odio. ¿Entiendes? Aquí bebemos el odio como si fuera agua. Nos odiamos unos a otros. Más que a nada, odiamos a Dios. Quiero que lo comprendas. Los bienaventurados en el cielo deben amar a Dios, porque lo ven sin velos, en su deslumbrante belleza. Esto los hace indescriptiblemente felices. Nosotros lo sabemos, y este conocimiento nos enfurece. Los hombres, en la tierra, que conocen a Dios por la Creación y por la Revelación, pueden amarlo. Pero no están obligados a hacerlo.

El creyente - te lo digo furiosa - que contempla, meditando, a Cristo con los brazos abiertos sobre la cruz, terminará por amarlo. Pero el alma a la que Dios se acerca fulminante, como vengador y justiciero porque un día fue repudiado, como ocurrió con nosotros, ésta no podrá sino odiarlo, como nosotros lo odiamos. Lo odia con todo el ímpetu de su mala voluntad. Lo odia eternamente, a causa de la deliberada resolución de apartarse de Dios con la que terminó su vida terrenal. Nosotros no podemos revocar esta perversa voluntad, ni jamás querríamos hacerlo.

¿Comprendes ahora por qué el infierno dura eternamente? Porque nuestra obstinación nunca se derrite, nunca termina. Y contra mi voluntad agrego que Dios es misericordioso, aún con nosotros. Digo "contra mi voluntad" porque, aunque diga estas cosas voluntariamente, no se me permite mentir, que es lo que querría. Dejo muchas informaciones en el papel contra mis deseos. Debo también estrangular la avalancha de palabrotas que querría vomitar. Dios fue misericordioso con nosotros porque no permitió que derramáramos sobre la tierra el mal que hubiéramos querido hacer. Si nos lo hubiera permitido, habríamos aumentado mucho nuestra culpa y castigo. Nos hizo morir antes de tiempo, como hizo conmigo, o hizo que intervinieran causas atenuantes.

Dios es misericordioso, porque no nos obliga a aproximarnos a El más de lo que estamos, en este remoto lugar infernal. Eso disminuye el tormento. Cada paso más cerca de Dios me causaría una aflicción mayor que la que te produciría un paso más rumbo a una hoguera.

Te desagradé un día al contarte, durante un paseo, lo que dijo mi padre pocos días antes de mi comunión: "Alégrate, Anita, por el vestido nuevo; el resto no es más que una burla". Casi me avergüenzo de tu desagrado. Ahora me río. Lo único razonable de toda aquella comedia era que se permitiera comulgar a los niños a los doce años. Yo ya estaba, en aquel entonces, bastante poseída por el placer del mundo. Sin escrúpulos, dejaba a un lado las cosas religiosas. No tomé en serio la comunión. La nueva costumbre de permitir a los niños que reciban su primera comunión a los 7 años nos produce furor. Empleamos todos los medios para burlarnos de esto, haciendo creer que para comulgar debe haber comprensión. Es necesario que los niños hayan cometido algunos pecados mortales. La blanca Hostia será menos perjudicial entonces, que si la recibe cuando la fe, la esperanza y el amor, frutos del bautismo - escupo sobre todo esto - todavía están vivos en el corazón del niño.

¿Te acuerdas que yo pensaba así cuando estaba en la tierra? Vuelvo a mi padre. Peleaba mucho con mamá. Pocas veces te lo dije, porque me avergonzaba. Qué cosa ridícula la vergüenza! Aquí, todo es lo mismo. Mis padres ya no dormían en el mismo cuarto. Yo dormía con mamá, papá lo hacía en el cuarto contiguo, donde podía volver a cualquier hora de la noche. Bebía mucho y se gastó nuestra fortuna. Mis hermanas estaban empleadas, decían que necesitaban su propio dinero. Mamá comenzó a trabajar. Durante el último año de su vida, papá la golpeó muchas veces, cuando ella no quería darle dinero. Conmigo, él siempre fue amable. Un día te conté un capricho del que quedaste escandalizada. ¿Y de qué no te escandalizaste de mí? Cuando devolví dos veces un par de zapatos nuevos, porque la forma de los tacos no era bastante moderna.

En la noche en que papá murió, víctima de una apoplejía, ocurrió algo que nunca te conté, por temor a una interpretación desagradable. Hoy, sin embargo, debes saberlo. Es un hecho memorable: por primera vez, el espíritu que me atormenta se acercó a mí. Yo dormía en el cuarto de mamá. Su respiración regular revelaba un sueño profundo. Entonces, escuché pronunciar mi nombre. Una voz desconocida murmuró: "¿Qué ocurrirá si muere tu padre?"

Ya no lo quería a papá, desde que había empezado a maltratar a mi madre. En realidad, no amaba absolutamente a nadie: sólo tenía gratitud hacia algunas personas que eran bondadosas conmigo. El amor sin esperanza de retribución en esta tierra solamente se encuentra en las almas que viven en estado de gracia. No era ése mi caso. "Ciertamente, él no morirá", le respondí al misterioso interlocutor. Tras una breve pausa, escuché la misma pregunta. "El no va a morir!", repliqué con brusquedad.
Por tercera vez, me preguntaron: "Qué ocurrirá si muere tu padre?". Me representé en ese momento en la imaginación el modo como mi padre volvía muchas veces: medio ebrio, gritando, maltratando a mamá, avergonzándonos frente a los vecinos. Entonces, respondí con rabia: "Bien, es lo que se merece. ¡Que muera!". Después, todo quedó en silencio.


A la mañana siguiente, cuando mamá fue a ordenar el cuarto de papá, encontró la puerta cerrada. Al mediodía, la abrieron por la fuerza. Papá, semidesnudo, estaba muerto sobre la cama. Al ir a buscar cerveza al sótano, debió sufrir una crisis mortal. Desde hacía tiempo que estaba enfermo. (¿Habrá hecho depender Dios de la voluntad de su hija, con la que el hombre fue bondadoso, la obtención de más tiempo y ocasión de convertirse?).

Marta K. y tú me hicieron ingresar en la asociación de jóvenes. Nunca te oculté que consideraba demasiado "parroquiales" las instrucciones de las dos directoras, las señoritas X. Los juegos eran bastante divertidos. Como sabes, llegué en poco tiempo a tener allí un papel preponderante. Eso era lo que me gustaba. También me gustaban las excursiones. Llegué a dejarme llegar algunas veces a confesar y comulgar. Para decir la verdad, no tenía nada para confesar. Los pensamientos y las palabras no significaban nada para mí. Y para acciones más groseras todavía no estaba madura.

Un día me llamaste la atención: "Ana, si no rezas más, te perderás". Realmente, yo rezaba muy poco, y ese poco siempre a disgusto, de mala voluntad. Sin duda tenías razón. Los que arden en el infierno o no rezaron, o rezaron poco. La oración es el primer paso para llegar a Dios. Es el paso decisivo. Especialmente la oración a Aquella que es la madre de Cristo, cuyo nombre no nos es lícito pronunciar. La devoción a Ella arranca innumerables almas al demonio, almas a las que sus pecados las habrían lanzado infaliblemente en sus manos.

Furiosa continúo, porque estoy obligada a hacerlo, aunque no aguanto más de tanta rabia. Rezar es lo más fácil que se puede hacer en la tierra. Y justamente de esto, que es facilísimo, Dios hace depender nuestra salvación. Al que reza con perseverancia, paulatinamente Dios le da tanta luz, y lo fortalece de tal modo, que hasta el más empedernido pecador puede recuperarse, aunque se encuentre hundido en un pantano hasta el cuello. Durante los últimos años de mi vida ya no rezaba más, privándome así de las gracias, sin las que nadie se puede salvar.

Aquí, no recibimos ningún tipo de gracia. Aunque la recibiéramos, la rechazaríamos con escarnio. Todas las vacilaciones de la existencia terrenal terminaron en esta otra vida. En la tierra, el hombre puede pasar del estado de pecado al estado de gracia. De la gracia, se puede caer al pecado. Muchas veces caí por debilidad; pocas, por maldad. Con la muerte, cada uno entra en un estado final, fijo e inalterable. A medida que se avanza en edad, los cambios se hacen más difíciles. Es cierto que uno tiene tiempo hasta la muerte para unirse a Dios o para darle las espaldas. Sin embargo, como si estuviera arrastrado por una correntada, antes del tránsito final, con los últimos restos de su voluntad debilitada, el hombre se comporta según las costumbres de toda su vida.

El hábito, bueno o malo, se convierte en una segunda naturaleza. Es ésta la que lo arrastra en el momento supremo. Así ocurrió conmigo. Viví años enteros apartada de Dios. En consecuencia, en el último llamado de la gracia, me decidí contra Dios. La fatalidad no fue haber pecado con frecuencia, sino que no quise levantarme más. Muchas veces me invitaste para que asistiera a las predicaciones o que leyera libros de piedad. Mis excusas habituales eran la falta de tiempo. ¿Acaso podría querer aumentar mis dudas interiores? Finalmente, tengo que dejar constancia de lo siguiente: al llegar a este punto crítico, poco antes de salir de la "Asociación de Jóvenes", me habría sido muy difícil cambiar de rumbo. Me sentía insegura y desdichada. Pero frente a la conversión se levantaba una muralla.

No sospechaste que fuera tan grave. Creías que la solución era tan simple, que un día me dijiste: "Tienes que hacer una buena confesión, Ani, todo volverá a ser normal". Me daba cuenta que sería así. Pero el mundo, el demonio y la carne, me retenían demasiado firme entre sus garras. Nunca creí en la influencia del demonio. Ahora, doy testimonio de que el demonio actúa poderosamente sobre las personas que están en las condiciones en que yo me encontraba entonces. Sólo muchas oraciones, propias y ajenas, junto con sacrificios y sufrimientos, podrían haberme rescatado. Y aún esto, poco a poco.

Si bien hay pocos posesos corporales, son innumerables los que están poseídos internamente por el demonio. El demonio no puede arrebatar el libre albedrío de los que se abandonan a su influencia. Pero, como castigo por su casi total apostasía, Dios permite que el "maligno" se anide en ellos. Yo también odio al demonio. Sin embargo, me gusta, porque trata de arruinarlos a todos ustedes: él y sus secuaces, los ángeles que cayeron con él desde el principio de los tiempos. Son millones, vagando por la tierra. Innumerables como enjambres de moscas; ustedes no los perciben. A los réprobos no nos incumbe tentar: eso les corresponde a los espíritus caídos.

Cada vez que arrastran una nueva alma al fondo del infierno, aumentan aún más sus tormentos. Pero, ¡de qué no es capaz el odio! Aunque andaba por caminos tortuosos, Dios me buscaba. Yo preparaba el camino para la gracia, con actos de caridad natural, que hacía muchas veces por una inclinación de mi temperamento. A veces, Dios me atraía a una Iglesia. Allí, sentía una cierta nostalgia. Cuando cuidaba a mi madre enferma, a pesar de mi trabajo en la oficina durante el día, haciendo un sacrificio de verdad, los atractivos de Dios actuaban poderosamente. Una vez fue en la capilla del hospital, adonde me llevaste durante el descanso del mediodía. Quedé tan impresionada, que estuve sólo a un paso de mi conversión. Lloraba. Pero, en seguida, llegaba el placer del mundo, derramándose como un torrente sobre la gracia. Las espinas ahogaron el trigo. Con la explicación de que la religión es sentimentalismo, como siempre se decía en la oficina, rechacé también esta gracia, como todas las otras.

En otra ocasión, me llamaste la atención porque, en lugar de una genuflexión hasta el piso, hice solamente una ligera inclinación con la cabeza. Pensaste que eso lo hacía por pereza, sin sospechar que, ya entonces, había dejado de creer en la presencia de Cristo en el Sacramento. Ahora creo, aunque sólo materialmente, tal como se cree en la tempestad, cuyas señales y efectos se perciben. En este interín, me había fabricado mi propia religión. Me gustó la opinión generalizada en la oficina, de que después de la muerte el alma volvería a este mundo en otro ser, reencarnándose sucesivamente, sin llegar nunca al fin.

Con esto, estaba resuelto el angustiante problema del más allá. Imaginé haberlo hecho inofensivo. ¿Por qué no me recordaste la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro, en la que el narrador, Cristo, envió después de la muerte a uno al infierno y al otro al Cielo? Pero, ¿qué habrías conseguido? No mucho más de lo que conseguiste con todos tus otros discursos beatos. Poco a poco me fui fabricando un dios: con atributos suficientes para ser llamado así. Bastante lejos de mí, como para que no me obligara a tener relaciones con él. Suficientemente confuso, como para poder transformarlo a mi antojo. De este modo, sin cambiar de religión, yo podía imaginarlo como el dios panteísta del mundo o pensarlo, poéticamente, como un dios solitario.

Este "dios" no tenía Cielo para premiarme, ni infierno para asustarme. Yo lo dejaba en paz. En esto consistía mi culto de adoración. Es fácil creer en lo que agrada. Con el transcurso de los años, estaba bastante persuadida de mi religión. Se vivía bien así, sin molestias. Sólo una cosa podría haber roto mi suficiencia: un dolor profundo y prolongado. Pero este sufrimiento no llegó. ¿Comprendes ahora el significado de "Dios castiga a aquellos que ama"? Durante un domingo de julio, la Asociación de Jóvenes organizaba un paseo de A. Me gustaban las excursiones, pero no los discursos insípidos y demás beaterías. Otra imagen, muy diferente de la de Nuestra Señora de las Gracias de A., estaba desde hacía poco en el altar de mi corazón. Era el distinguido Max, del almacén de al lado. Ya habíamos conversado entretenidos, varias veces. Justamente ese domingo me invitó a pasear. La otra, con la que acostumbraba a salir, estaba enferma en el hospital.

El había comprendido que lo miraba mucho. Pero yo no pensaba en casarme todavía. Su posición económica era muy buena, pero también demasiado amable con todas las otras jovencitas. En aquel entonces yo quería un hombre que me perteneciera exclusivamente, como única mujer. Siempre conservé una cierta educación natural. (Eso es verdad. A pesar de su indiferencia religiosa, Ani tenía algo noble en su persona. Me desconcierta que también las personas "honestas" puedan caer en el infierno, si son deshonestas al huir del encuentro con Dios).

En ese paseo, Max me colmó de amabilidades. Nuestras conversaciones, es claro, no eran sobre la vida de los santos, como las de ustedes. Al día siguiente, en la oficina, me reprendiste por no haber ido al paseo de la Asociación. Cuando te conté mi diversión del domingo, tu primera pregunta fue: "¿Escuchaste Misa?". Tonta! ¿Cómo podríamos ir a Misa si salimos a las 6 de la mañana? Me acuerdo que, muy exaltada, te dije: "El buen Dios no es tan mezquino como lo son los curas". Ahora debo confesar que Dios, a pesar de su infinita bondad, considera todo con más seriedad que todos los sacerdotes juntos. Después de este primer paseo con Max, fui solamente una vez más a la Asociación, en las fiestas de Navidad. Algunas cosas me atraían. Pero en mi interior, ya me había separado de todas ustedes.

Los bailes, el cine, los paseos, continuaban. A veces peleábamos con Max, pero yo sabía cómo retenerlo. Odié mucho a mi rival que, al salir del hospital, se puso furiosa. En realidad, eso me favoreció. La calma distinguida que yo mostraba produjo una gran impresión en Max, que se inclinó definitivamente por mí. Conseguí encontrar la forma de denigrarla. Me expresaba con calma: por fuera, realidades objetivas, por dentro, vomitando hiel. Estos sentimientos y actitudes conducen rápidamente al infierno. Son diabólicos, en el sentido estricto del término. ¿Por qué te cuento todo esto? Para explicarte que así me aparté definitivamente de Dios. En realidad, Max y yo no llegamos muchas veces al extremo de la familiaridad. Me daba cuenta que me rebajaría a sus ojos si le concedía toda la libertad antes de tiempo. Por eso, supe controlarme. Realmente, yo estaba siempre dispuesta para todo lo que consideraba útil. Tenía que conquistar a Max. Para eso, ningún precio era demasiado alto.

Nos fuimos amando poco a poco, porque ambos teníamos valiosas cualidades que podíamos apreciar mutuamente. Yo era habilidosa, eficiente, de trato agradable. Retuve a Max con firmeza y conseguí, al menos durante los últimos meses antes del casamiento, ser la única que lo poseía. En eso consistió mi apostasía, en hacer mi dios con una criatura. En ninguna otra cosa puede realizarse más plenamente la apostasía como en el amor a una persona del otro sexo, cuando ese amor se ahoga en la materia. Esto es su encanto, su aguijón y su veneno. La "adoración" que tenía por Max se convirtió en mi religión. En ese tiempo, en la oficina, yo arremetía virulentamente contra los curas, los fieles, las indulgencias, los rosarios y demás estupideces.

Trataste de defender con una cierta inteligencia todo lo que yo atacada, aunque quizás sin sospechar que en realidad el problema no estaba en esas cosas. Lo que yo buscaba era un punto de apoyo. Todavía lo necesitaba para justificar racionalmente mi apostasía. Estaba sublevada contra Dios. No te dabas cuenta. Creías que todavía era católica. Por otra parte, yo quería ser llamada así; inclusive pagaba la contribución para el culto. Porque un cierto "reaseguro" nunca viene mal. Es posible que tus respuestas a veces dieran en el blanco. Pero no me alcanzaban, porque no te concedía razón. A raíz de estas relaciones sobre bases falsas, fue pequeño el dolor de nuestra separación, con motivo de mi casamiento.

Antes de casarme, me confesé y comulgué una vez más. Era una formalidad. Mi marido pensaba igual. Si era una formalidad, ¿por qué no cumplirla? Ustedes dicen que una comunión así es "indigna". Bien, después de esa comunión "indigna", logré un cierto sosiego en mi conciencia. Esa comunión fue la última. Nuestra vida conyugal transcurría, en general, en armonía. En casi todos los puntos teníamos la misma opinión. También en esto: no queríamos cargar con hijos. En realidad, mi marido quería tener uno, uno solo, naturalmente. Finalmente conseguí que él renunciara a ese deseo. Lo que más me gustaba eran los vestidos, los muebles lujosos, las reuniones mundanas, los paseos en automóvil y otras distracciones. Fue un año de placer el que medió entre mi casamiento y mi muerte repentina.

Todos los domingos íbamos a pasear en auto o visitábamos a los parientes de mi marido. Me avergonzaba de mi madre. Esos parientes se destacaban en la vida social, igual que nosotros. Pero en mi interior, sin embargo, nunca fui feliz. Había algo indeterminado que me corroía. Mi deseo era que, al llegar la muerte - la que sin duda demoraría mucho todavía - todo acabara. Ocurría tal como yo lo había escuchado de niña, durante una plática: Dios recompensa en este mundo toda obra buena que se haga. Si no puede premiarla en la otra vida, lo hace en la tierra. Inesperadamente, recibí una herencia de la tía Lote. Mi marido tuvo la suerte de ver sus ingresos notablemente aumentados. Así pude instalar, confortablemente, una casa nueva.

Mi religión estaba muriendo, como un resplandor crepuscular en un firmamento lejano. Los bares de la ciudad, los hoteles y los restaurantes por los que pasábamos en nuestros viajes, no nos acercaban a Dios. Todos los que los frecuentaban vivían como nosotros: de fuera hacia adentro, no de dentro hacia afuera. Si durante los viajes de vacaciones visitábamos una célebre catedral, tratábamos de divertirnos con el valor artístico de sus obras primas. Los sentimientos religiosos que irradiaban - especialmente las iglesias medievales - yo los neutralizaba criticando circunstancias accesorias de un hermano lego que nos guiaba, criticaba su negligencia en el aseo, criticaba el comercio de los piadosos monjes que fabricaban y vendían licor, criticaba el eterno repique de campanas llamando a los sagrados oficios, diciendo que el único fin era ganar dinero...

Así era como conseguía apartar a la gracia, cada vez que me llamaba. Especialmente descargaba mi mal humor frente a algunas pinturas de la Edad Media representando al Infierno en libros, cementerios y otros lugares. Allí el demonio asaba a las almas sobre fuego rojo o amarillo, mientras sus compañeros, con largas colas, le traen más víctimas. Clara, el infierno puede ser dibujado, pero nunca exagerado! Siempre me burlaba del fuego del infierno. Acuérdate de una conversación durante la cual te puse un fósforo encendido bajo la nariz, preguntándote: "¿Así huele?"

Apagaste en seguida la llama. Aquí nadie consigue hacerlo. Te digo más: el fuego del que habla la Biblia no es el tormento de la consciencia. Fuego es fuego! Debe ser interpretado al pie de la letra cuando Aquel dijo: "Apartáos de mí, malditos, id al fuego eterno". Al pie de la letra! ¿Y cómo puede ser tocado un espíritu por el fuego material? Preguntarás. ¿Y cómo puede sufrir tu alma, en la tierra, si pones el dedo sobre una llama? Tampoco tu alma se quema, mientras tanto el dolor lo sufre todo el individuo. Del mismo modo, nosotros estamos aquí espiritualmente presos al fuego de nuestro ser y de nuestras facultades. Nuestra alma carece de la agilidad que le sería natural; no podemos pensar ni querer lo que querríamos.

No te sorprendas de mis palabras. Es un misterio contrario a las leyes de la naturaleza material: el fuego del infierno quema sin consumir. Nuestro mayor tormento consiste en saber que nunca veremos a Dios. ¿Cómo puede atormentarnos tanto esto, si en la tierra nos era indiferente? Mientras el cuchillo está sobre la mesa, no te impresiona. Le ves el filo, pero no lo sientes. Pero si el cuchillo entra en tus carnes, gritarás de dolor. Ahora, sentimos la pérdida de Dios. Antes, sólo pensábamos en ella.

No todas las almas sufren igual. Cuanto mayor fue la maldad, cuanto más frívolo y decidido, tanto más le pesa al condenado la pérdida de Dios, tanto más lo sofoca la criatura de que abusó. Los católicos que se condenan sufren más que los de otras religiones, porque recibieron y desaprovecharon, por lo general, más luces y mayores gracias. Los que tuvieron mayores conocimientos sufren más duramente que los que tuvieron menos. El que pecó por maldad sufre más que el que cayó por debilidad. Pero ninguno sufre más de lo que mereció. Oh, si esto no fuera verdad, tendría un motivo para odiar!

Un día me dijiste: nadie va al infierno sin saberlo. Eso le habría sido revelado a una santa. Yo me reía, mientras me atrincheraba en esta reflexión: "siendo así, siempre tendré tiempos suficiente para volver atrás". Esta revelación es exacta. Antes de mi muerte repentina, es verdad, no conocía al infierno tal como es. Ningún ser humano lo conoce. Pero estaba perfectamente enterada de algo: "Si mueres, me decía, entrarás en la eternidad como una flecha, directamente contra Dios; habrá que aguantar las consecuencias". Como te dije, no volví atrás. Perseveré en la misma dirección, arrastrada por la costumbre, con la que los hombres actúan cuanto más envejecen.

Mi muerte ocurrió así: Hace una semana - digo según las cuentas que llevan ustedes, porque si calculara por mis dolores, podría estar ardiendo en el infierno desde hace diez años - mi marido y yo salimos en otra excursión dominguera, que fue la última para mí. El día estaba radiante de sol. Me sentía muy bien, como pocas veces. Sin embargo, me traspasaba un presentimiento siniestro. Inesperadamente, en el viaje de regreso, mi marido y yo fuimos enceguecidos por los faros de un automóvil que venía en sentido contrario, a gran velocidad. Max perdió el control del vehículo. Jesús! Se escapó de mis labios, no como oración sino como grito. Sentí un dolor aplastante: comparado con el tormento actual, una bagatela. Después perdí el sentido.

¡Qué extraño! Aquella misma mañana, sin explicación, había surgido en mi mente este pensamiento. "Por una vez, podrías ir a Misa". Era como una súplica. Un "¡no!" claro y decidido cortó el curso de la idea. "Con esas cosas tengo que terminar definitivamente". Es decir, asumí todas las consecuencias. Ahora las soporto.

Lo que ocurrió después de mi muerte lo sabes. La suerte de mi marido, de mi madre, lo que ocurrió con mi cadáver, mi entierro, lo sé por una intuición natural que tenemos todos los que estamos aquí. Del resto de lo que ocurre en el mundo poseemos un conocimiento confuso. Sabemos lo que se refiere a nosotros. De este modo veo el lugar donde vives. Desperté de improviso en el momento de mi muerte. Me encontré inundada por una luz ofuscante. Era el mismo sitio donde había caído mi cadáver. Sucedió como en el teatro, cuando se apagan las luces de la sala, sube el telón y aparece una escena trágicamente iluminada. La escena de mi vida. Como en un espejo, mi alma se mostró a sí misma. Vi las gracias despreciadas y pisoteadas, desde mi juventud hasta el último "no" frente a Dios.

Me sentí como un asesino, al que llevan ante el tribunal para ver a la víctima exánime. ¿Arrepentirme? ¡Nunca! ¿Avergonzarme? ¡Jamás!

Mientras tanto, no conseguía permanecer bajo la mirada de Dios, a quien rechazaba. Sólo tenía una salida: la fuga. Así como Caín huyó del cadáver de Abel, así mi alma se proyectó lejos de esta visión de horror.

Este era el Juicio particular.

Habló el invisible juez: "APÁRTATE DE MI". De inmediato mi alma, como una sombra amarilla de azufre, se despeñó al lugar del eterno tormento.

 
Epílogo de Clara:


Así terminó la carta de Anita sobre el Infierno. Las últimas palabras eran casi ilegibles, tan torcidas estaban las letras. Cuando terminé de leer la última línea, la carta se convirtió en cenizas. ¿Qué es lo que escucho? En medio de los duros términos de las palabras que imaginaba haber leído, resonó el dulce tañido de una campana. Me desperté de inmediato. Estaba acostada en mi cuarto. La luz matinal entraba por la ventana. Las campanadas de las Avemarías llegaban de la iglesia parroquial. ¿Todo había sido un sueño?

Nunca había sentido antes en el Angelus tanto consuelo como después de ese sueño. Lentamente, fui rezando las oraciones. Entonces comprendí: la bendita Madre del Señor quiere defenderte. Venera a María filialmente, si no quieres tener el destino que te contó - aunque fuera en sueños - un alma que jamás verá a Dios. Temblando todavía por la visión nocturna, me levanté, me vestí con prisa y huí a la capilla de la casa. Mi corazón palpitaba con violencia. Los huéspedes que estaban más cerca me miraban con preocupación. Quizás pensaban que estaba agitada por correr escaleras abajo.

Una bondadosa señora de Budapest, un alma sacrificada, pequeña como una niña, miope, aún fervorosa en el servicio de Dios, de gran penetración espiritual, me dijo por la tarde en el jardín: "Señorita, Nuestro Señor no quiere ser servido con excitación". Pero ella advertía que otra cosa me había excitado y aún me preocupaba. Agregó, bondadosamente: "Nada te turbe - conoces el aviso de Santa Teresa - nada te espante. Todo pasa. Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta". Mientras susurraba esto, sin adoptar un aire magisterial, parecía estar leyendo mi alma.

"Sólo Dios basta". Sí, El ha de bastarme, en éste o en el otro mundo. Quiero poseerlo allí un día, por más sacrificios que tenga que hacer aquí para vencer. No quiero caer en el infierno.

Algunas consideraciones finales

Quizás no como objeción, pero no puede eludirse una pregunta: ¿Cómo puede haber recordado Clara con tal precisión todas las palabras de la carta de la condenada? Respondemos: quien hace lo más, puede hacer lo menos. Quien comienza una obra, puede también concluirla. Si la manifestación de ultratumba es un hecho preternatural, Clara debe haber tenido también una asistencia preternatural para escribir con exactitud todas las palabras leídas durante la visión.

La eternidad de las penas del infierno es un dogma. Seguramente, el más terrible de todos. Tiene su fundamento en las Sagradas Escrituras. Ver San Mateo XXV, 41 y 46; II a los Tesalonicenses, 1, 9; Judith XIII; Apocalipsis XIV, 11 y XX, 10; todos estos textos son irrefutables, en los que la expresión "eterno" no puede interpretarse como "largo o prolongado". De la conveniencia de ilustrar este dogma con un caso particular, nos da ejemplo Nuestro Señor Jesucristo en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro. Allí se encuentra una descripción del infierno y del peligro de caer en él. No es otra la intención de este trabajo. Expresa también nuestra finalidad el siguiente consejo: "Vayamos al infierno mientras estemos vivos, para no caer allí después de la muerte".

Testimonio de una lectora de Reina del Cielo, sobre las palabras de su hermano fallecido, palabras desde el cielo.

Carta desde el Cielo

Hace catorce años murió Alfredo, mi segundo hijo. Iba paseando en moto por Colonia el 8 de diciembre, día de la Virgen, donde lo atropella un camión, quedando en coma.

Lo vamos a buscar con mi marido y lo traemos a Buenos Aires para que muera acá pues ya nos habían dicho que no había nada por hacer. Yo se lo encomiendo a la Virgen de San Nicolás, prometiéndole rezar todos los días el Rosario si lo salvaba. El 10 a la mañana Alfredo se muere.


Hasta que no se vive la muerte de un hijo no se puede ni siquiera imaginar la profundidad e intensidad de ese dolor. Parece que la propia vida se acaba, que todo se termina, sólo deseaba morirme yo. Sentía que me hallaba en un pozo de dolor, negro, oscuro y profundo. Cuando pasaron los días y pude decir " Hágase Tu Voluntad " la oscuridad empezó a disiparse; seguía el dolor y la tristeza, y allí en el fondo del pozo encontré el Amor y la ternura de Dios. Así pude ver los signos y señales que nos enviaba Alfredo para decirnos que estaba bien. Mis hijos soñaban con él y en todos los sueños había un mensaje de Esperanza; "Decile a mamá que estoy muy bien. Que no llore. Que ahora no entiende, pero más adelante va a entender". Experimenté que se puede sentir el más profundo de los dolores, junto a una gran alegría.

El broche de oro de todos los sueños fue la carta de Alfredo. En agosto de 1993 Clara con su marido Javier y los chicos, Estanislao y Catalina, va al campo de unos amigos. Es de noche, los chicos duermen mientras suena una música suave en el auto. Clara se pone a rezar y pensar como extrañaba a su hermano, y de pronto siente que Alfredo le habla y termina su mensaje nombrando a Santo Tomás. Guardó en su corazón estas palabras, sin contárselo a nadie, y a los tres días al volver a su casa, pidiéndole a Alfredo que le ayude a escribir su mensaje, escribe así:


Carta de Alfredo

Si te pudiera contar como se vive el tiempo acá. Antes, cuando vivía en la vida terrena siempre había un momento para esperar, un viaje, una fiesta, un día por el que cada uno espera. Acá no es necesario esperar, esos días están en el momento. Dios nos hace tan limitados al principio para después mostrarnos lo que es ser libres realmente.

Ahora, no puedo creer haber visto el mundo por dos agujeritos tan chiquitos como son los ojos. Acá podés mirar todo sin límites y no es como allá que al mirar te encontrás con cosas tristes, acá mirás y es todo un placer. Nunca vi nada en La Tierra tan lindo como esto. Yo puedo ver, no solo este paraíso sino a cada uno de ustedes, en el mismo momento, puedo verlos aunque estén en lugares diferentes.

También quería contarte que tengo un jardín, ¡tan lindo!........y que cuando pase este tiempo que están viviendo y estén acá en Dios y conmigo vamos a poder recorrerlo juntos, te voy a mostrar cada flor que tengo, las tengo gracias a los actos de amor de la gente que quiero, cada vez que hacen un acto bueno de amor florece una flor y yo se cual es de cada uno y las riego, las cuido y las vigilo para que siempre estén ahí y no desaparezcan. Ya vas a entender cuando estemos juntos y podamos abrazarnos como sé que tanto soñás.

NO TE GUARDES TODO ESTO.

Tenés tanta Fe cuando te hablo, que se me hace más fácil, hacé de cuenta que te llamé por teléfono, por el teléfono del alma. Y si alguien cree que todo esto es ridículo, no importa.....es tan corto ese tiempo que enseguida van a descubrir la verdad.

Ahora que conozco la vida de Jesús, no hagas como Santo Tomás. Los ojos y el ver, no te confirman nada, SOLO EL ALMA LO HACE.

Alfredo Correas

domingo, 17 de octubre de 2010

«Para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1, 1-4)

EVANGELIO DEL DÍA: 18/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68



San Lucas, evangelista - Fiesta





Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,10-17.
Porque Demas me ha abandonado por amor a este mundo. El se fue a Tesalónica, Crescente emprendió viaje a Galacia, y Tito, a Dalmacia.
Solamente Lucas se ha quedado conmigo. Trae contigo a Marcos, porque me prestará buenos servicios.
A Tíquico lo envié a Efeso.
Cuando vengas, tráeme la capa que dejé en Tróade, en la casa de Carpo, y también los libros, sobre todo, los rollos de pergamino.
Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho daño: el Señor le pagará conforme a sus obras.
Ten cuidado de él, porque se opuesto encarnizadamente a nuestra enseñanza.
Cuando hice mi primera defensa, nadie me acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta!
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.

Salmo 145(144),10-11.12-13.17-18.
Que todas tus obras te den gracias, Señor, y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino y proclamen tu poder.
Así manifestarán a los hombres tu fuerza y el glorioso esplendor de tu reino :
tu reino es un reino eterno, y tu dominio permanece para siempre. El Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan, de aquellos que lo invocan de verdad.

Evangelio según San Lucas 10,1-9.
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'.
Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'. 
Lc 10,1-9
Leer el comentario del Evangelio por 
Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo
Homilías sobre san Lucas, nº 1, 1-2
«Para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1, 1-4)
     «Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros... Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, querido Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1,1-4).

     En otro tiempo, entre los judíos, muchos pretendían tener el don de profecía, pero algunos eran falsos profetas... Igualmente ha ocurrido en tiempos del Nuevo Testamento, en que muchos «han intentado» escribir unos evangelios, pero no todos han sido aceptados... Estas palabras «han intentado» contienen una escondida acusación contra los que, sin poseer la gracia del Espíritu Santo, se han lanzado a la redacción de evangelios. Mateo, Marcos, Lucas y Juan no han «intentado» escribir sino que son ellos los que, llenos del Espíritu Santo, han escrito los verdaderos evangelios...

     La Iglesia posee, pues, cuatro evangelios; los herejes tienen gran cantidad de ellos... «Muchos han intentado escribir», pero solamente cuatro evangelios han sido aprobados; y es de éstos que debemos sacar, para ponerlo a la luz, lo que hay que creer de la persona de nuestro Señor y Salvador. Sé que existe un evangelio que llaman «según Tomás», otro «según Matías», y todavía leemos algunos otros para no dar la impresión, frente a los que se imaginan saber alguna cosa cuando conocen estos textos, de ser ignorantes. Pero en todo ello no aprobamos más que lo que aprueba la Iglesia: sólo se deben admitir cuatro evangelios. Esto es lo que se puede decir sobre el texto del prólogo de san Lucas: «Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros».

« So that you may realize the certainty of the teachings you have received» (Lk 1,4)

DAILY GOSPEL: 18/10/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Saint Luke, evangelist - Feast


Second Letter to Timothy 4:10-17.
For Demas, enamored of the present world, deserted me and went to Thessalonica, Crescens to Galatia, and Titus to Dalmatia.
Luke is the only one with me. Get Mark and bring him with you, for he is helpful to me in the ministry.
I have sent Tychicus to Ephesus.
When you come, bring the cloak I left with Carpus in Troas, the papyrus rolls, and especially the parchments.
Alexander the coppersmith did me a great deal of harm; the Lord will repay him according to his deeds.
You too be on guard against him, for he has strongly resisted our preaching.
At my first defense no one appeared on my behalf, but everyone deserted me. May it not be held against them!
But the Lord stood by me and gave me strength, so that through me the proclamation might be completed and all the Gentiles might hear it. And I was rescued from the lion's mouth.

Psalms 145(144):10-11.12-13.17-18.
All your works give you thanks, O LORD and your faithful bless you.
They speak of the glory of your reign and tell of your great works,
Making known to all your power, the glorious splendor of your rule.
Your reign is a reign for all ages, your dominion for all generations. The LORD is trustworthy in every word, and faithful in every work.
You, LORD, are just in all your ways, faithful in all your works.
You, LORD, are near to all who call upon you, to all who call upon you in truth.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 10:1-9.
Jesus appointed seventy-two other disciples whom he sent ahead of him in pairs to every town and place he intended to visit.
He said to them, "The harvest is abundant but the laborers are few; so ask the master of the harvest to send out laborers for his harvest.
Go on your way; behold, I am sending you like lambs among wolves.
Carry no money bag, no sack, no sandals; and greet no one along the way.
Into whatever house you enter, first say, 'Peace to this household.'
If a peaceful person lives there, your peace will rest on him; but if not, it will return to you.
Stay in the same house and eat and drink what is offered to you, for the laborer deserves his payment. Do not move about from one house to another.
Whatever town you enter and they welcome you, eat what is set before you,
cure the sick in it and say to them, 'The kingdom of God is at hand for you.' 
Lc 10,1-9
Commentary of the day 
Origen (c.185-253), priest and theologian
Homilies on Saint Luke, no. 1,1-2 (cf. SC 87, p. 99)
« So that you may realize the certainty of the teachings you have received» (Lk 1,4)
      «Many have undertaken to compile a narrative of the events that have been fulfilled amongst us... I too have decided, after investigating everything accurately anew, to write it down in an orderly sequence for you, most excellent Theophilus, so that you may realize the certainty of the teachings you have received» (Lk 1,1-4)

      In former times many among the Jews claimed to have the gift of prophecy but some were false prophets... It was the same at the time of the New Testament, when many «have tried» to write gospels but not all have been accepted... The words «have tried» contain a hidden accusation against those who set about composing gospels without the grace of the Holy Spirit. Matthew, Mark, John and Luke did not «try» to write but, filled with the Holy Spirit, were those who wrote the true gospels...

            Thus the Church possesses four gospels; the heretics have any number of them... «Many have tried to write» but only four gospels have been recognised, and it is from those that we must draw what we need to know about our Lord and Savior's person if light is to be thrown on it. I know there is a gospel called «according to Thomas» and another «according to Matthias», and we are reading some others also lest we give the impression of ignorance before those who think they know a thing or two when they know these texts. But in all this we only approve what the Church approves: we should only recognise four gospels. This, then, is what can be said about the text of Saint Luke's prologue: «Many have tried to compile a narrative of the events that have been fulfilled amongst us."


Monday, 18 October 2010

St. Luke, Evangelist - Feast




SAINT LUKE
Evangelist
(Feast)
        St. Luke, a physician at Antioch, and a painter, became a convert of St. Paul, and afterwards his fellow-laborer. He is best known to us as the historian of the New Testament. Though not an eye-witness of our Lord's life, the Evangelist diligently gathered information from the lips of the apostles, and wrote, as he tells us, all things in order.
        The acts of the Apostles were written by this Evangelist as a sequel to his Gospel, bringing the history .of the Church down to the first imprisonment of St. Paul at Rome. The humble historian never names himself, but by his occasional use of "we" for "they" we are able to detect his presence in the scenes which he describes. We thus find that he sailed with St. Paul and Silas from Troas to Macedonia; stayed behind apparently for seven years at Philippi, and, lastly, shared the shipwreck and perils of the memorable voyage to Rome.
        Here his own narrative ends, but from St. Paul's Epistles we learn that St. Luke was his faithful companion to the end. He died a martyr's death some time afterwards in Achaia.


Lives of the Saints, by Alban Butler, Benziger Bros. ed. [1894]

Cabo de Palos: Ser verdaderamente libres

Cabo de Palos: Ser verdaderamente libres

«Orar siempre sin desanimarse»

EVANGELIO DEL DÍA: 17/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


XXIX Domingo del Tiempo Ordinario


Libro del Exodo 17,8-13.
Después vinieron los amalecitas y atacaron a Israel en Refidim.
Moisés dijo a Josué: "Elige a algunos de nuestros hombres y ve mañana a combatir contra Amalec. Yo estaré de pie sobre la cima del monte, teniendo en mi mano el bastón de Dios".
Josué hizo lo que le había dicho Moisés, y fue a combatir contra los amalecitas. Entretanto, Moisés, Aarón y Jur habían subido a la cima del monte.
Y mientras Moisés tenía los brazos levantados, vencía Israel; pero cuando los dejaba caer, prevalecía Amalec.
Como Moisés tenía los brazos muy cansados, ellos tomaron una piedra y la pusieron donde él estaba. Moisés se sentó sobre la piedra, mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sus brazos se mantuvieron firmes hasta la puesta del sol.
De esa manera, Josué derrotó a Amalec y a sus tropas al filo de la espada.

Salmo 121(120),1-2.3-4.5-6.7-8.
Canto de peregrinación. Levanto mis ojos a las montañas: ¿de dónde me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
El no dejará que resbale tu pie: ¡tu guardián no duerme!
No, no duerme ni dormita él guardián de Israel.
El Señor es tu guardián, es la sombra protectora a tu derecha:
de día, no te dañará el sol, ni la luna de noche.
El Señor te protegerá de todo mal y cuidará tu vida.
El te protegerá en la partida y el regreso, ahora y para siempre.

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 3,14-17.4,1-2.
Pero tú permanece fiel a la doctrina que aprendiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido.
Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús.
Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia,
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.
Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino:
proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar.

Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?". 
 Lc 18,1-8
Leer el comentario del Evangelio por 
Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Nadie tiene amor más grande
«Orar siempre sin desanimarse»
     Ama orar. Siente a menudo la necesidad de orar a lo largo del día. La oración dilata el corazón hasta que éste sea capaz de recibir el don de Dios que es él mismo. Pide, busca, y tu corazón se ensanchará hasta el punto de recibirle, de tenerle en ti como tu bien.

     Deseamos mucho orar, pero después, fracasamos. Es entonces cuando nos desanimamos y renunciamos. Si quieres orar mejor, debes orar más. Dios acepta el fracaso, pero no quiere el desánimo. En la oración cada día más quiere que seamos como niños, cada vez más humildes, cada vez más llenos de agradecimiento.  Quiere que tengamos presente que todos pertenecemos al cuerpo místico de Cristo, en el que la oración es perpetua.

     En nuestras oraciones debemos ayudarnos unos a otros. Liberemos nuestros espíritus. No hagamos largas oraciones, que no se acaban nunca, sino más bien breves, llenas de amor. Oremos por los que no oran. Acordémonos que el que quiere poder amar, debe poder orar.

                    


domingo 17 Octubre 2010

San Ignacio de Antioquía




San Ignacio de Antioquía


San Ignacio de Antioquía firmaba el 24 de agosto la carta que escribía, hacia el año 110, a los cristianos de Roma, a la Iglesia «que preside en la caridad», suplicándoles que no hicieran valer su dignidad para alejarle del martirio:

«Dejadme que reciba la luz pura. Mi deseo terreno ha quedado crucificado, y ya no queda en mí sino un agua pura que murmura: Ven hacia el Padre», «Contentaos con pedir que tenga fuerza, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino en la realidad».


Al tratar de Ignacio de Antioquía no es que se hable de él, se le escucha, puesto que confió a las páginas que escribió camino de su martirio uno de los más hermosos cantos que jamás hayan salido de un espíritu humano.


Himno de amor a Cristo y a su Iglesia; Ignacio nunca separa ambas cosas. Para él la señal infalible del amor de los bautizados hacia el Señor y la presencia del Espíritu en ellos consiste en la unidad de cada una de las Iglesias en torno a su obispo, y la de todas ellas en la única Iglesia:

«No tenéis que tener sino un solo sentir con vuestro obispo», escribe a los Efesios.


Les felicita, por otra parte, pues se encuentran estrechamente unidos, «como la Iglesia lo está con Jesucristo y Jesucristo con su Padre, dentro de la armonía de la unidad universal.».


Muy famoso entre los primeros mártires, quizás sirio de origen, probablemente discípulo de los apóstoles, y el cristiano de mayor reputación en tierras de Oriente después de la muerte de san Juan. Por eso debió de ser llamado como obispo a la sede de Antioquía, que había presidido el propio san Pedro.


La verdad de san Ignacio no está en esta identificación, sino en el hecho bien documentado de su largo viaje hasta la muerte, después de su condena, desde Antioquía a Roma, pasando por las costas de Asia Menor y Grecia, con una parada en Esmirna.


Su destino era morir en el circo romano para celebrar los triunfos del emperador Trajano en la Dacia, y en el curso de la navegación escribe cartas que son uno de los testimonios más impresionantes de la fe ante el martirio que nos ha legado la Iglesia primitiva; en especial la que dirige a los fieles de Roma, pidiéndoles que no intercedan por él a fin de que «nada me impida ahora alcanzar la herencia que me está reservada».


Custodiado por feroces guardias, «los diez leopardos», como él dice, Ignacio, sin alardes de jactancia ni gestos estoicos, ve la vida y la muerte como cosas entregadas, que casi no le pertenecen.




Oremos


Dios todopoderoso y eterno, que has querido que el testimonio de los mártires sea el honor de todo el cuerpo de tu Iglesia, concédenos que el martirio de San Ignacio de Antioquía, que hoy conmemoramos, así como le mereció a él una gloria eterna, así también nos dé a nosotros valor en el combate de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

"Pray always without becoming weary"

DAILY GOSPEL: 17/10/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Twenty-ninth Sunday in Ordinary Time


Book of Exodus 17:8-13.
At Rephidim, Amalek came and waged war against Israel.
Moses, therefore, said to Joshua, "Pick out certain men, and tomorrow go out and engage Amalek in battle. I will be standing on top of the hill with the staff of God in my hand."
So Joshua did as Moses told him: he engaged Amalek in battle after Moses had climbed to the top of the hill with Aaron and Hur.
As long as Moses kept his hands raised up, Israel had the better of the fight, but when he let his hands rest, Amalek had the better of the fight.
Moses' hands, however, grew tired; so they put a rock in place for him to sit on. Meanwhile Aaron and Hur supported his hands, one on one side and one on the other, so that his hands remained steady till sunset.
And Joshua mowed down Amalek and his people with the edge of the sword.

Psalms 121(120):1-2.3-4.5-6.7-8.
A song of ascents. I raise my eyes toward the mountains. From where will my help come?
My help comes from the LORD, the maker of heaven and earth.
God will not allow your foot to slip; your guardian does not sleep.
Truly, the guardian of Israel never slumbers nor sleeps.
The LORD is your guardian; the LORD is your shade at your righthand.
By day the sun cannot harm you, nor the moon by night.
The LORD will guard you from all evil, will always guard your life.
The LORD will guard your coming and going both now and forever.

Second Letter to Timothy 3:14-17.4:1-2.
But you, remain faithful to what you have learned and believed, because you know from whom you learned it,
and that from infancy you have known (the) sacred scriptures, which are capable of giving you wisdom for salvation through faith in Christ Jesus.
All scripture is inspired by God and is useful for teaching, for refutation, for correction, and for training in righteousness,
so that one who belongs to God may be competent, equipped for every good work.
I charge you in the presence of God and of Christ Jesus, who willjudge the living and the dead, and by his appearing and his kingly power:
proclaim the word; be persistent whether it is convenient or inconvenient; convince, reprimand, encourage through all patience and teaching.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 18:1-8.
Then he told them a parable about the necessity for them to pray always without becoming weary. He said,
There was a judge in a certain town who neither feared God nor respected any human being.
And a widow in that town used to come to him and say, 'Render a just decision for me against my adversary.'
For a long time the judge was unwilling, but eventually he thought, 'While it is true that I neither fear God nor respect any human being,
because this widow keeps bothering me I shall deliver a just decision for her lest she finally come and strike me.'"
The Lord said, "Pay attention to what the dishonest judge says.
Will not God then secure the rights of his chosen ones who call out to him day and night? Will he be slow to answer them?
I tell you, he will see to it that justice is done for them speedily. But when the Son of Man comes, will he find faith on earth?" 
Lc 18,1-8
Commentary of the day 
Blessed Teresa of Calcutta (1910-1997), founder of the Missionary Sisters of Charity
A Simple Path
"Pray always without becoming weary"
     If you want to set out in search of God without knowing how to go about it, learn to pray: force yourself simply to pray every day. You can pray anywhere, anytime. There's no need at all to be in a chapel or church. You can pray while working: work doesn't put a stop to prayer, nor prayer to work. If you feel in need of help, you can ask advice of a priest or pastor.

     Try to talk directly to God. Speak to him; tell him everything, spontaneously, directly, just as it comes. He is the Father of us all. Whatever our religion might be, we have all been created by him and are his children. We can trust him, love him, believe in him, work for him. When we pray, our problems are resolved to the degree that it is good for us.

     Without prayer I could not fulfil the work it is mine to do, not even for half an hour. I draw my strength from God by prayer.

                    

Sunday, 17 October 2010

St. Ignatius of Antioch, Bishop & Martyr († c. 107)



SAINT IGNATIUS OF ANTIOCH
Bishop and Martyr
(† c. 107)
        St. Ignatius, Bishop of Antioch, was the disciple of St. John. When Domitian persecuted the Church, St. Ignatius obtained peace for his own flock by fasting and prayer. But for his part he desired to suffer with Christ, and to prove himself a perfect disciple.
        In the year 107, Trajan came to Antioch, and forced the Christians to choose between apostasy and death. "Who art thou, poor devil," the emperor said when Ignatius was brought before him, "who settest our commands at naught?" "Call not him 'poor devil,'" Ignatius answered, "who bears God within him." And when the emperor questioned him about his meaning, Ignatius explained that he bore in his heart Christ crucified for his sake. Thereupon the emperor condemned him to be torn to pieces by wild beasts at Rome. St. Ignatius thanked God, who had so honored him, "binding him in the chains of Paul, His apostle."
        He journeyed to Rome, guarded by soldiers, and with no fear except of losing the martyr's crown. He was devoured by lions in the Roman amphitheatre. The wild beasts left nothing of his body, except a few bones, which were reverently treasured at Antioch, until their removal to the Church of St. Clement at Rome, in 637.
        After the martyr's death, several Christians saw him in vision standing before Christ, and interceding for them.

sábado, 16 de octubre de 2010

Jesús nos Libera para ser Conducidos por el Espíritu

Donde está el Espíritu del Señor,
allí hay libertad
.
2 Corintios 3:17.

Dios nos ha dado su Espíritu, quien nos conduce por esta nueva vida de libertad y alegría. Nos da a conocer a Cristo (Juan 16:14), apartándonos de nosotros mismos a fin de orientarnos hacia el Señor Jesús para amarlo y obedecerle. También nos da la convicción de ser hijos de Dios (Romanos 8:16). 

       El cielo se alegra cuando los cristianos son libres y felices (Lucas 15:32). El Señor desea que gocemos, a través de su Espíritu, de una vida rica y abundante (Juan 7:38; 10:10). Jesús dice: “El que por mí entrare, será salvo… y hallará pastos” (Juan 10:9). Él nos ha dado todas las cosas para que las disfrutemos, echando “mano de la vida que lo es en verdad” (1 Timoteo 6:17-19, V.M.). Lo hace para que a nuestra vez tengamos el privilegio de bendecir y dar libremente: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35).

       Procuremos no entristecer al Espíritu Santo debido al pecado. Al contrario, seamos llenos del Espíritu, abandonándonos completamente al amor del Padre, sometiéndonos a la autoridad llena de amor del Señor y aprendiendo a vivir por la fe y la confianza en él. Entonces gozaremos verdaderamente de la libertad cristiana. Esto es verdad tanto desde el punto de vista individual y familiar como desde el colectivo, el de la Iglesia. En las reuniones de iglesia, en el ejercicio de los dones espirituales (1 Corintios 12:11) y en la comprensión de la Escritura, ¡que Dios nos conceda dejarnos conducir verdaderamente por su Espíritu!

viernes, 15 de octubre de 2010

«El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir»

EVANGELIO DEL DÍA: 16/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Sábado de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario


Carta de San Pablo a los Efesios 1,15-23.
Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos,
doy gracias sin cesar por ustedes recordándolos siempre en mis oraciones
Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente.
Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos,
y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza. Este es el mismo poder
que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro.
El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia,
que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.

Salmo 8,2-3.4-5.6-7.
¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra! Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:
con la alabanza de los niños y de los más pequeños, erigiste una fortaleza contra tus adversarios para reprimir al enemigo y al rebelde.
Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies:

Evangelio según San Lucas 12,8-12.
Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir". 
Lc 12,8-12
Leer el comentario del Evangelio por 
Carta de la Iglesia de Esmirna sobre sus mártires (hacia 155)

«El Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir»
     En el momento en que Policarpo penetró en el estadio, una voz resonó desde el cielo: «Ánimo, Policarpo, y sé fuerte». Nadie vio quien era el que hablaba, pero algunos de los nuestros que estaban presentes oyeron la voz... Cuando la multitud supo quien era ese prisionero, se redoblaron los gritos. El  procónsul le preguntó si él era Policarpo. Sí, respondió él. Éste intentaba disuadirlo para que renegara: « Respeta tu edad avanzada... Jura por la suerte del César, retráctate... Maldice a Cristo». A lo que Policarpo respondió: « Hace cuarenta y seis años que le sirvo, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo podría ultrajar a mi rey y mi salvador?»

     Y como el otro volvía a lo mismo..., Policarpo prosiguió: «Puesto que se te ha metido en la cabeza hacerme jurar por la suerte del César, como me dices, y finges ignorar quien soy yo, escúchalo claramente de mí mismo: soy cristiano. Y si quieres aprender la sabiduría de mi religión, concédeme un día y escúchame». «Persuade al pueblo», replicó el procónsul. «Contigo, creo que puedo hablar. Porque nosotros hemos aprendido  a respetar a las autoridades y a los magistrados que Dios ha puesto y guardarles el debido respeto, con la condición de que ese respeto no se vuelva en contra nuestra. Pero toda esa gente está faltada de la mínima dignidad para que yo me explique delante de ellos».

     «Tengo fieras, replicó el procónsul, y te echaré bajo sus dientes si no reniegas. – Llámalas, respondió Policarpo. – ¿Menosprecias a las bestias? ¿Te obstinas? Te entregaré a las llamas». Policarpo le dijo: « Me amenazas con un fuego que después de una hora se apaga porque no conoces el fuego del juicio futuro y del castigo eterno que aguarda a los impíos. Pero ¿por qué tardas? Haz según crees».

     Se precipitaron los acontecimientos; en menos tiempo del que se necesita para decirlo, todos se precipitaron hacia los talleres y los baños donde la gente recogió manojos de leña... Cuando la hoguera estuvo a punto, Policarpo se quitó él mismo sus vestidos, desató si cinturón y quiso también desligar sus sandalias, lo cual no acostumbraba, puesto que los fieles corrían a ayudarle... Este gran santo, ya antes de su martirio, había suscitado una inmensa veneración.


sábado 16 Octubre 2010

Santa Margarita María Alacoque

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día



Santa Margarita María Alacoque



El Señor preparó a Margarita María, por medio de una infancia sin alegría y de una juventud llena de pruebas, para que se convirtiera en la mensajera de su amor redentor, en un tiempo en que reinaba el jansenismo.


Bien conocida en su intimidad espiritual por su autobiografía y sus cartas, no parece haber sido una persona humanamente destacada o notable. Borgoñona, hija de un notario, después de educarse en las clarisas de Autun, se hace religiosa salesa en el convento de Paray-le-Monial en 1671.


Contaba la muchacha veinticuatro años al entrar en la Visitación de Paray-Ie-Monial, en la Borgoña. Los comienzos le resultaron dificultosos. De novicia no podía aprender a hacer oración, aun cuando acudía con frecuencia ante el Santísimo Sacramento - notó su superiora - para ponerse en su presencia «como se extiende un lienzo ante el pintor».


Y he aquí que, el 27 de diciembre de 1673, daba comienzo el descubrimiento espiritual que formará el núcleo de su vida. Luego, el 16 de junio de 1675, Jesús le mostraría a Margarita María su Corazón, «este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no recibe a cambio sino ingratitud».


A la vez le encargaba que procurase la institución de una fiesta en honor de su Sagrado Corazón. ¡Ya cabe suponer la acogida que le dispensarían sus superiores! Pero el Señor vigilaba. Puso en el camino de la joven religiosa a un jesuita preocupado, a su vez, por dar a conocer «el misterio incomparable del amor de Cristo», el P. Claudio de la Colombiere.


Este le ofreció todo su apoyo. En 1686 se celebró Por primera vez la fiesta del Sagrado Corazón en la Visitación de Paray. La tarea de Margarita María había concluido.


Moría cuatro años más tarde entregada por entero al misterio cuyo apóstol había sido (1690).Una de las santas más populares de los tiempos modernos, sobre todo desde que en 1856 se instituyó la fiesta del Sagrado Corazón y se extendió tanto esta devoción, objeto de las revelaciones que son el centro de su vida.


Desde 1920 está en los altares, canonizada como un refrendo al mensaje que supo transmitir, pero también por la paciencia y el espíritu de humildad con que se enfrentó a tantas incomprensiones.




Oremos


Infunde, Señor, en nosotros el espíritu de santidad con que enriqueciste tan singularmente a Santa Margarita María, para que también nosotros, lleguemos a conocer por experiencia el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, y seamos colmados de la total plenitud de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

"The holy Spirit will teach you at that moment what you should say"

DAILY GOSPEL: 16/10/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Saturday of the Twenty-eighth week in Ordinary Time


Letter to the Ephesians 1:15-23.
Therefore, I, too, hearing of your faith in the Lord Jesus and of your love for all the holy ones,
do not cease giving thanks for you, remembering you in my prayers,
that the God of our Lord Jesus Christ, the Father of glory, may give you a spirit of wisdom and revelation resulting in knowledge of him.
May the eyes of (your) hearts be enlightened, that you may know what is the hope that belongs to his call, what are the riches of glory in his inheritance among the holy ones,
and what is the surpassing greatness of his power for us who believe, in accord with the exercise of his great might,
which he worked in Christ, raising him from the dead and seating him at his right hand in the heavens,
far above every principality, authority, power, and dominion, and every name that is named not only in this age but also in the one to come.
And he put all things beneath his feet and gave him as head over all things to the church,
which is his body, the fullness of the one who fills all things in every way.

Psalms 8:2-3.4-5.6-7.
O LORD, our Lord, how awesome is your name through all the earth! You have set your majesty above the heavens!
Out of the mouths of babes and infants you have drawn a defense against your foes, to silence enemy and avenger.
When I see your heavens, the work of your fingers, the moon and stars that you set in place--
What are humans that you are mindful of them, mere mortals that you care for them?
Yet you have made them little less than a god, crowned them with glory and honor.
You have given them rule over the works of your hands, put all things at their feet:

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 12:8-12.
I tell you, everyone who acknowledges me before others the Son of Man will acknowledge before the angels of God.
But whoever denies me before others will be denied before the angels of God.
Everyone who speaks a word against the Son of Man will be forgiven, but the one who blasphemes against the holy Spirit will not be forgiven.
When they take you before synagogues and before rulers and authorities, do not worry about how or what your defense will be or about what you are to say.
For the holy Spirit will teach you at that moment what you should say." 
 Lc 12,8-12
Commentary of the day 
Letter of the church of Smyrna concerning its martyrs (c.155)
Acts of the Christian martyrs (trans. Herbert Musurillo)
"The holy Spirit will teach you at that moment what you should say"
As Polycarp entered the amphitheatre, a voice from heaven said: «Be strong, Polycarp, and have courage.» No one saw who was speaking, but those of our people who were present heard the voice... A great shout arose when the people heard that it was Polycarp who had been arrested. As he was brought before him, the governor asked him: «Are you Polycarp?» And when he admitted he was, the governor tried to persuade him to recant, saying: «Have respect for your age»... «swear by the Genius of the emperor. Recant...  Curse Christ!» But Polycarp answered: «For eighty-six years I have been his servant and he has done me no wrong. How can I blaspheme my king and savior?»

       But as the other insisted once again... Polycarp answered: «If you delude yourself into thinking that I will swear by the emperor's Genius, as you say, and if you pretend not to know who I am, listen and I will tell you plainly: I am a Christian. And if you would like to learn the doctrine of Christianity, set aside a day and listen.» The governor said: «Try to move the people.» And Polycarp said: «I should have thought you worthy of such a discussion. For we have been taught to pay respect to the authorities and powers that God has assigned us (for this does not harm our cause). But as for the mob, I do not think they deserve to listen to a speech of defence from me.»
      
The governor said: «I have wild animals, and I shall expose you to them if you do not change your mind.» And he answered: «Go and call for them!»... He said again to him: «Since you are not afraid of the animals, then I shall have you consumed by fire-unless you change your mind.» But Polycarp answered: «The fire you threaten me with burns merely for a time and is soon extinguished. It is clear you are ignorant of the fire of everlasting punishment and of the judgement that is to come, which awaits the impious. Why then do you hesitate? Come, do what you will.»

       All of this happened with great speed, more quickly than it takes to tell the story: the mob swiftly collected logs and brushwood from workshops and baths... When the fire was prepared, Polycarp took off all his clothing, loosed his belt and even tried to take off his own sandals, although he had never had to do this before: for all the Christians were always eager to be the first to touch his flesh. Even before his martyrdom he had been adorned in every way by reason of the goodness of his life. 


Saturday, 16 October 2010

Saint Margaret Mary Alacoque, Virgin (1647-1690)

 

SAINT MARGARET MARY ALACOQUE
Virgin
(1647-1690)
        Margaret Mary was born at Terreau in Burgundy, on the 22d July, 1647. Her childhood was unhappy and during her infancy she showed a wonderfully sensitive horror of the very idea of sin.
        In 1671 she entered the Order of the Visitation, at Paray-le-Monial, and was professed the following year. After purifying her by many trials, Jesus appeared to her in numerous visions, displaying to her his Sacred Heart, sometimes burning as a furnace, and sometimes torn and bleeding on account of the coldness and sins of men.
        In. 1675 the great revelation was made to her that she, in union with Father de la Colombiere, of the Society of Jesus, was to be the chief instrument for instituting the feast of the Sacred Heart, and for spreading that devotion throughout the world.
        She died on the 17th October, 1690.

jueves, 14 de octubre de 2010

«No temáis»

EVANGELIO DEL DÍA: 15/10/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora - Fiesta


Libro de Eclesiástico 15,1-6.
El que teme al Señor hace todo esto y el que se aferra a la Ley logrará la sabiduría.
Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como una joven esposa,
lo alimentará con el pan de la inteligencia y le hará beber el agua de la sabiduría.
El se apoyará en ella, y no vacilará, se unirá a ella, y no quedará confundido.
Ella lo exaltará por encima de sus compañeros y le abrirá la boca en medio de la asamblea.
El encontrará el gozo y la corona de la alegría y recibirá en herencia un nombre perdurable.

Salmo 89(88),2-3.6-9.16-19.
Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: "Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo.
El cielo celebre tus maravillas, Señor, y tu fidelidad en la asamblea de los santos,
porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas? ¿quién como el Señor entre los hijos de Dios?
Dios es temible en el consejo de los santos, más grande y terrible que cuantos están a su alrededor?
Señor, Dios del universo, ¿hay alguien como tú? Tú eres fuerte y estás rodeado de fidelidad.
¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte! Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu Nombre, serán exaltados a causa de tu justicia.
Porque tú eres su gloria y su fuerza; con tu favor, acrecientas nuestro poder.
Sí, el Señor es nuestro escudo, el Santo de Israel es realmente nuestro rey.

Evangelio según San Mateo 11,25-30.
En esa oportunidad, Jesús dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana". 
Mt 11,25-30
Leer el comentario del Evangelio por 
San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino
Epistolario 979-980
«No temáis»
     La verdadera razón por la cual no llegas a poder meditar, es ésta
– ¡y no me equivoco! Comienzas la meditación agitado y lleno de ansiedad.
Esto es suficiente para que nunca alcances lo que buscas, porque tu espíritu no está concentrado sobre la verdad que meditas y no hay amor en tu corazón. Esta ansiedad es vana. No sacarás de ella más que un gran cansancio espiritual y una cierta frialdad de alma, sobre todo a nivel afectivo. Contra ello no conozco otro remedio que este: salir de ese estado de ansiedad. Ello es, en efecto, uno de los mayores obstáculos para la práctica religiosa y la vida de oración. Nos pone en apuro para hacernos tropezar.

     De ninguna manera quiero dispensarte de la meditación simplemente porque te parece que no sacas ningún provecho de ella. A medida que irás haciendo el vacío en ti mismo, verás como te iras desprendiendo de este apego a la humildad, y el Señor te hará el don de la oración que tiene guardado en su mano derecha.



viernes 15 Octubre 2010

Santa Teresa de Ávila




Santa Teresa de Ávila  



Los escritos de Santa Teresa subrayan sobre todo el espíritu de oración, la manera de practicarlo y los frutos que produce. Como la santa escribió precisamente en la época en que estaba consagrada a la difícil tarea de fundar conventos de carmelitas reformadas, sus obras, prescindiendo de su contenido y naturaleza, dan testimonio de su vigor, laboriosidad y capacidad de recogimiento. Escribió el "Camino de Perfección" para dirigir a sus religiosas, y el libro de las "Fundaciones" para alentarlas y edificarlas. En cuanto al "Castillo Interior", se puede considerar que lo escribió para la instrucción de todos los cristianos. En esta obra se muestra como verdadera Doctora de la Iglesia.


Los carmelitas, como la mayoría de las religiosas, habían decaído mucho del primer fervor, a principios del siglo XVI. Las religiosas podían salir de la clausura con el menor pretexto, de suerte que el convento se convirtió en el sitio ideal para quien deseaba una vida fácil y sin problemas. Las comunidades eran sumamente numerosas, lo cual era causa y efecto de la relajación. Por ejemplo en el convento de Ávila había 140 religiosas.


Santa Teresa que llevaba ya 25 años de vida religiosa en el convento de la Encarnación de Ávila, emprendió el reto de llevar a cabo la iluminada idea de fundar una comunidad más reducida y reformada. La santa estableció la más estricta clausura y el silencio casi perpetuo. El convento carecía de rentas y reinaba en él la mayor pobreza; las religiosas vestían toscos hábitos, usaban sandalias en vez de zapatos (por ello se les llamó descalzas) y estaban obligadas a la perpetua abstinencia de carne. Santa Teresa no admitió al principio más que 13 religiosas, pero luego aceptó que hubiese 21.


En 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rubio (Rossi), visitó el convento de Ávila y quedó muy satisfecho con el trabajo realizado allí por la santa, así que le concedió a ésta plenos poderes para fundar otros conventos del mismo tipo y aun la autorizó a fundar dos conventos de frailes reformados (carmelitas contemplativos).

Santa Teresa murió en los brazos de la Beata Ana el 4 de octubre de 1582. Su canonización se realizó en 1622.




Oremos  



Himno (laúdes)

Veisme aquí, mi dulce Amor,
Amor dulce, veisme aquí.
¿Qué mandáis hacer de mi?
Veis aquí mi corazón.


Yo le pongo en vuestra palma
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición;
dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí.
¿Qué mandáis hacer de mí?.


Dadme muerte, dadme vida:
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dame guerra o paz cumplida,
flaqueza o fuerza à mi vida,
que à todo diré que sí.
¿Qué queréis hacer de mi?


Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida, dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?


Si queréis, dadme oración,
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad,
soberana Majestad,
sólo hallo paz aquí.
¿Qué mandáis hacer de mí? .


Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando. Amén


Himno (Vísperas)

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.


Cuándo me gozo, Señor,
con esperanza de verte,
viendo que puedo perderte
se me dobla mi dolor:
viviendo en tanto pavor,
y esperando como espero,
que muero porque no muero.


Sácame de esta muerte,
mi Dios, y dame la vida,
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que muero por verte,
y vivir sin ti no puedo,
que muero porque no muero.


Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida,
en tanto que detenida
por mis pecados está.
¡Oh mi Dios, cuándo será
cuando yo diga de nuevo
que muero porque no muero!


Vivo ya fuera de mí
después de que muero de amor;
porque vivo en el Señor
que me quiso para sí:
cuando el corazón del di,
puso en mí este letrero:
que muero porque no muero.


Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero. Amén


Señor todopoderoso, que quisiste que Santa Teresa, bajo el impulso del Espíritu Santo, manifestara a tu Iglesia el camino de la perfección, haz que encontremos en sus escritos nuestro alimento y que encendamos con ellos en nosotros el deseo de una verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo.