EVANGELIO DEL DÍA

sábado, 3 de abril de 2010

«Tú iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor»

EVANGELIO DEL DÍA: 03/04/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Sábado Santo de la Sepultura del Señor - Santa Vigilia Pascual

Libro del Exodo 14,15-31.15,1.
Después el Señor dijo a Moisés: "¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha.
Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie.
Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros.
Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros".
El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás,
interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron,
y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos.
Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: "Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto".
El Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros".
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.
Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó.
Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar,
y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor: "Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros.

Libro del Exodo 15,2-6.17-18.
El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. El es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.
El Señor es un guerrero, su nombre es "Señor".
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.
El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo.
Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!".

Carta de San Pablo a los Romanos 6,3-11.
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios.
Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Evangelio según San Lucas 24,1-12.
El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.
Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.
Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
'Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día'".
Y las mujeres recordaron sus palabras.
Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.
Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido. 
Lc 24,1-12
Leer el comentario del Evangelio por 
Una homilía del siglo V, atribuida a Eusebio el Galicano
Homilía 12ª; CCL 101, 145
«Tú iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor» (Colecta)
     «¡Alégrese el cielo, goce la tierra!» (cf SL 95,11). Este día ha brillado para nosotros con el resplandor del sepulcro más que si resplandeciera con el sol. ¡Qué los infiernos aclamen porque a partir de ahora tienen una salida; qué se gocen porque para ellos hoy es el día de la visita; qué exulten porque después de siglos y siglos han visto una luz que no conocían, y en la oscuridad de su profunda noche, por fin, han respirado! Oh luz bella que se ha visto clarear desde la cima del cielo blanqueado..., has revestido de su súbita claridad «a los que vivían en tinieblas y sombras de muerte »(Lc 1,79). Porque al descender Cristo a los infiernos, su eterna noche ha resplandecido inmediatamente y han cesado los lamentos de los afligidos; las ataduras de los condenados se han roto y caído; los espíritus malignos se han sobrecogido de estupor, como abatidos por un trueno...

     Desde que Cristo ha descendido, las porteras sombras, ciegas en su negro silencio y encorvadas por el temor, murmuran entre ellas: «¿Quién es éste, temible, resplandeciente de blancura? Jamás nuestro infierno no ha recibido otro semejante; jamás el mundo no ha arrojado otro semejante en nuestro abismo... Si fuera culpable, no sería tan audaz. Si algún delito lo ennegreciera, jamás podría disipar nuestras tinieblas con su resplandor. Pero si es Dios, ¿qué hace en la tumba? Si es hombre, ¿cómo se atreve? Si es Dios ¿por qué viene? Si es hombre ¿cómo libera a los cautivos?... ¡Oh cruz, que desbaratas nuestros placeres y das a luz nuestra desdicha! El madero nos enriqueció y el madero nos arruina. ¡Ha perecido este gran poder siempre temido por los pueblos!»

sábado 03 Abril 2010

Santa Engracia



En el tiempo de Cristo, Zaragoza era una rica villa romana. Después de la tolerancia con que trataban a los cristianos durante el mandato de Galileo (202A.D.), su sucesor, el emperador Diocleciano (285-305A.D.), en sucesivos decretos, ordenó persecuciones generales contra ellos en todo el mundo romano.


En España los mártires comenzaron a caer en Gerona y terminaron en Zaragoza. El historiador Prudencio recogió muchos de sus nombres poco antes del 400 A.D.
    En Zaragoza murieron por Jesucristo Santa Engracia y sus dieciocho compañeros: Lupercio (su tío), Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontonio, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Matutino, Casiano, Fausto y Januario.

La Roma que se jactaba de ser la creadora del derecho y la defensora de la justicia se mancha con sangre inocente.
Además de Santa Engracia y sus compañeros, los mártires aquí enterrados incluyen a Luperto y Lamberto cerca de sus urnas se conservan las "Santas Masas" para designar a una multitud de mártires cuyos nombres se desconocen.

Santa Engracia -patrona de Zaragoza- y sus compañeros fueron al martirio en el año 303. Era ella una noble joven que visitaba a Zaragoza procedente de otras tierras. Por su fidelidad a Cristo sufrió grandes torturas. La azotaron asida a una columna, fue arrastrada por la ciudad atada a la cola de un caballo y por fin le hincaron un garfio de hierro en la frente. El cuerpo de la Santa fue sepultado honrosamente en una urna de mármol y los dieciocho compañeros fueron puestos en un sepulcro contiguo.

Junto a la basílica que se construyó en este lugar para honrar a los mártires, se fundó un monasterio en el 592 A.D.  Aquí estudió San Eugenio y San Braulio fundó su "escuela episcopal".

El rey de Aragón, Juan II agradeció a la santa por su exitosa operación de cataratas y como agradecimiento construyó el Monasterio de Santa María de las Santas Masas.

Esta es la segunda iglesia de Zaragoza, después de la Basílica del Pilar.  En ella se conservó el culto a pesar de la dominación musulmana.  En 1389, al excavar una zanja, se descubrieron nuevamente  los sagrados enterramientos con los restos de los santos mencionados y muchos otros.

Los ejércitos de Napoleón invadieron desde Francia causando la destrucción del monasterio pero no pudo destruir la veneración a los mártires que siguen victoriosos su misión de ser testigos ejemplares de la vida cristiana. La actual iglesia sobre la cripta es del 1899.




Estos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no los molestará el sol ni el calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos. Ap 7, 14-17



Oración
Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tus mártires, Santa Engracia y sus compañeros, nos concedas el don de fortaleza con el que ellos salieron victoriosos en el martirio, y que como ellos seamos tus testigos ante el mundo. Amén.



Calendario de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de Sichem (474)

viernes, 2 de abril de 2010

"He loved them to the end"

DAILY GOSPEL: 02/04/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Holy Thursday

Book of Exodus 12:1-8.11-14.
The LORD said to Moses and Aaron in the land of Egypt,
"This month shall stand at the head of your calendar; you shall reckon it the first month of the year.
Tell the whole community of Israel: On the tenth of this month every one of your families must procure for itself a lamb, one apiece for each household.
If a family is too small for a whole lamb, it shall join the nearest household in procuring one and shall share in the lamb in proportion to the number of persons who partake of it.
The lamb must be a year-old male and without blemish. You may take it from either the sheep or the goats.
You shall keep it until the fourteenth day of this month, and then, with the whole assembly of Israel present, it shall be slaughtered during the evening twilight.
They shall take some of its blood and apply it to the two doorposts and the lintel of every house in which they partake of the lamb.
That same night they shall eat its roasted flesh with unleavened bread and bitter herbs.
"This is how you are to eat it: with your loins girt, sandals on your feet and your staff in hand, you shall eat like those who are in flight. It is the Passover of the LORD.
For on this same night I will go through Egypt, striking down every first--born of the land, both man and beast, and executing judgment on all the gods of Egypt-I, the LORD!
But the blood will mark the houses where you are. Seeing the blood, I will pass over you; thus, when I strike the land of Egypt, no destructive blow will come upon you.
"This day shall be a memorial feast for you, which all your generations shall celebrate with pilgrimage to the LORD, as a perpetual institution.

Psalms 116(115):12-13.15-16.17-18.
How can I repay the LORD for all the good done for me?
I will raise the cup of salvation and call on the name of the LORD.
Too costly in the eyes of the LORD is the death of his faithful.
LORD, I am your servant, your servant, the child of your maidservant; you have loosed my bonds.
I will offer a sacrifice of thanksgiving and call on the name of the LORD.
I will pay my vows to the LORD in the presence of all his people,

First Letter to the Corinthians 11:23-26.
For I received from the Lord what I also handed on to you, that the Lord Jesus, on the night he was handed over, took bread,
and, after he had given thanks, broke it and said, "This is my body that is for you. Do this in remembrance of me."
In the same way also the cup, after supper, saying, "This cup is the new covenant in my blood. Do this, as often as you drink it, in remembrance of me."
For as often as you eat this bread and drink the cup, you proclaim the death of the Lord until he comes.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint John 13:1-15.
Before the feast of Passover, Jesus knew that his hour had come to pass from this world to the Father. He loved his own in the world and he loved them to the end.
The devil had already induced Judas, son of Simon the Iscariot, to hand him over. So, during supper,
fully aware that the Father had put everything into his power and that he had come from God and was returning to God,
he rose from supper and took off his outer garments. He took a towel and tied it around his waist.
Then he poured water into a basin and began to wash the disciples' feet and dry them with the towel around his waist.
He came to Simon Peter, who said to him, "Master, are you going to wash my feet?"
Jesus answered and said to him, "What I am doing, you do not understand now, but you will understand later."
Peter said to him, "You will never wash my feet." Jesus answered him, "Unless I wash you, you will have no inheritance with me."
Simon Peter said to him, "Master, then not only my feet, but my hands and head as well."
Jesus said to him, "Whoever has bathed has no need except to have his feet washed, for he is clean all over; so you are clean, but not all."
For he knew who would betray him; for this reason, he said, "Not all of you are clean."
So when he had washed their feet (and) put his garments back on and reclined at table again, he said to them, "Do you realize what I have done for you?
You call me 'teacher' and 'master,' and rightly so, for indeed I am.
If I, therefore, the master and teacher, have washed your feet, you ought to wash one another's feet.
I have given you a model to follow, so that as I have done for you, you should also do. 
Jn 13,1-15
Commentary of the day 
Saint John-Mary Vianney (1786-1859), priest, curé of Ars
Sermon for Holy Thursday
"He loved them to the end"
What great love, what charity was that of Jesus Christ when he chose the evening of the day he was to be put to death to institute a sacrament through which he would remain in our midst, to be our Father, Consoler, and all our good! Still happier than those who were alive during his mortal life, when he was only in one place and people had to come from a great distance if they were to have the joy of seeing him, now, today we find him everywhere in the world and this joy is promised to me until the world's end. O what great love was that of God for his creatures!

       No indeed! Nothing could stop him when it came to showing us the greatness of his love. At that happy moment for us, all Jerusalem was on fire, all the people in an uproar, everyone was plotting his harm, everyone wanting to shed his precious blood – and yet it was precisely at that moment that he prepared for them, as for us, the most unutterable testimony of his love.



Thursday, 01 April 2010

St. Hugh, Bishop (1053-1132)




SAINT HUGH
Bishop
(1053-1132)
        It was the happiness of this Saint to receive from his cradle the strongest impressions of piety by the example and care of his illustrious and holy parents. He was born at Chateau-neuf, in the territory of Valence in Dauphiné, in 1053. His father, Odilo, who served his country in an honorable post in the army, labored by all the means in his power to make his soldiers faithful servants of their Creator, and by severe punishments to restrain vice.
        By the advice of his son, St. Hugh, he afterwards became a Carthusian monk, and died at the age of a hundred, having received Extreme Unction and Viaticum from the hands of his son. Our Saint likewise assisted, in her last moments, his mother, who had for many years, under his direction, served God in her own house, by prayer, fasting, and plenteous alms-deeds. Hugh, from the cradle, appeared to be a child of benediction. He went through his studies with great applause, and having chosen to serve God in an ecclesiastical state, he accepted a canonry in the cathedral of Valence.
        His great sanctity and learning rendered him an ornament of that church, and he was finally made Bishop of Grenoble. He set himself at once to reprove vice and to reform abuses, and so plentiful was the benediction of Heaven upon his labors that he had the comfort to see the face of his diocese in a short time exceedingly changed. After two years he privately resigned his bishopric, presuming on the tacit consent of the Holy See, and, putting on the habit of St. Bennet, he entered upon a novitiate in the austere abbey of Casa-Dei in Auvergne. There he lived a year, a perfect model of all virtues to that house of Saints, till Pope Gregory VII. commanded him, in virtue of holy obedience, to resume his pastoral charge.
        He earnestly solicited Pope Innocent II. for leave to resign his bishopric, that he might die in solitude, but was never able to obtain his request. God was pleased to purify his soul by a lingering illness before He called him to Himself. Some time before his death he lost his memory for everything but his prayers.
        He closed his penitential course on the 1st of April in 1132, wanting only two months of being Eighty years old, of which he had been fifty-two years bishop. Miracles attested the sanctity of his happy death, and he was canonized by Innocent II. in 1134.


Lives of the Saints, by Alban Butler, Benziger Bros. ed. [1894]

jueves, 1 de abril de 2010

«Los amó hasta el extremo»

EVANGELIO DEL DÍA: 02/04/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Jueves Santo en la Cena del Señor

Libro del Exodo 12,1-8.11-14.
Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:
Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.
Digan a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.
Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.
Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.
Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.
Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.
Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.
Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

Salmo 116(115),12-13.15-16.17-18.
¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.
¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo,

Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26.
Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan,
dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía".
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Evangelio según San Juan 13,1-15.
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. 
Jn 13,1-15
Leer el comentario del Evangelio por 
San Juan-María Vianney (1786-1859), presbítero, párroco de Ars
Sermón para el Jueves Santo
«Los amó hasta el extremo»
     ¡Qué amor, qué caridad la de nuestro Señor Jesucristo al escoger la vigilia del día en que habían de hacerle morir para instituir un sacramento por el cual iba a quedarse entre nosotros, para ser nuestro Padre, nuestro Consolador y toda nuestra felicidad! Más felices somos nosotros que los que vivían en tiempo de su vida mortal en que él no estaba en un lugar fijo, en que era necesario desplazarse lejos para tener la dicha de verle; hoy le encontramos en todas los lugares del mundo, y esta dicha se me ha prometido ser realidad hasta que se acabe el mundo. ¡Oh amor inmenso de un Dios por sus criaturas!
     No, nada puede hacerle parar cuando se trata de mostrarnos la grandeza de su amor. En este momento, dichoso para nosotros, toda Jerusalén esta ardiendo, todo el populacho hecho una furia, todos conspiran su perdición, todos quieren se derrame su sangre adorable –y es precisamente en este momento- que él les prepara, igual que a nosotros, la prueba más inefable de su amor.

jueves 01 Abril 2010

San Celso



San Celso, Arzobispo de Armagh  Celso era laico, al asumir la sede en 1105, a los veintiséis años de edad. Consagrado obispo, fue un excelente pastor. Fue muy asiduo en las visitas pastorales, administró sabiamente las posesiones de su diócesis y restauró la disciplina eclesiástica. Con este último punto se relaciona su presencia en el gran sínodo de Rath Breasail, al que asistieron no menos de cincuenta obispos, bajo la presidencia del legado pontificio Gilberto de Limerick.
El pueblo no recibió de buen grado ni las reformas que llevó al cabo el sínodo, ni la nueva división de las diócesis. Los anales de Four Masters cuentan que San Celso reconstruyó la catedral de Armagh.   La época en que vivió fue muy agitada; tuvo que ejercer el oficio de mediador en las discordias de los príncipes irlandeses y sufrió las invasiones de los O'Rourke y los O'Brien. En todas sus dificultades le asistió San Malaquías, quien fue primero archidiácono suyo y después obispo de Connor.    Poco antes de su muerte, ocurrida en Ardpatrick de Munster, en 1129, el santo acabó con la costumbre de la sucesión hereditaria, nombrando por sucesor a Malaquías. Según su deseo, fue enterrado en Lismore.




http://www.tradicioncatolica.com/images/santoral/0401-SAN-HUGO.jpg

Oremos

Señor, tú que colocaste a San Celso en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.





Calendario  de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de las Lágrimas, Sicilia (1953)

RAZA DE VÍBORAS: SOBRE CLÉRIGOS PEDERASTAS

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RAZA DE VÍBORAS: El cardenal de Viena reconoce la responsabilidad de la Iglesia Católica en los casos de abuso

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miércoles, 31 de marzo de 2010

"He loved them to the end"

DAILY GOSPEL: 01/04/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Holy Thursday

Book of Exodus 12:1-8.11-14.
The LORD said to Moses and Aaron in the land of Egypt,
"This month shall stand at the head of your calendar; you shall reckon it the first month of the year.
Tell the whole community of Israel: On the tenth of this month every one of your families must procure for itself a lamb, one apiece for each household.
If a family is too small for a whole lamb, it shall join the nearest household in procuring one and shall share in the lamb in proportion to the number of persons who partake of it.
The lamb must be a year-old male and without blemish. You may take it from either the sheep or the goats.
You shall keep it until the fourteenth day of this month, and then, with the whole assembly of Israel present, it shall be slaughtered during the evening twilight.
They shall take some of its blood and apply it to the two doorposts and the lintel of every house in which they partake of the lamb.
That same night they shall eat its roasted flesh with unleavened bread and bitter herbs.
"This is how you are to eat it: with your loins girt, sandals on your feet and your staff in hand, you shall eat like those who are in flight. It is the Passover of the LORD.
For on this same night I will go through Egypt, striking down every first--born of the land, both man and beast, and executing judgment on all the gods of Egypt-I, the LORD!
But the blood will mark the houses where you are. Seeing the blood, I will pass over you; thus, when I strike the land of Egypt, no destructive blow will come upon you.
"This day shall be a memorial feast for you, which all your generations shall celebrate with pilgrimage to the LORD, as a perpetual institution.

Psalms 116(115):12-13.15-16.17-18.
How can I repay the LORD for all the good done for me?
I will raise the cup of salvation and call on the name of the LORD.
Too costly in the eyes of the LORD is the death of his faithful.
LORD, I am your servant, your servant, the child of your maidservant; you have loosed my bonds.
I will offer a sacrifice of thanksgiving and call on the name of the LORD.
I will pay my vows to the LORD in the presence of all his people,

First Letter to the Corinthians 11:23-26.
For I received from the Lord what I also handed on to you, that the Lord Jesus, on the night he was handed over, took bread,
and, after he had given thanks, broke it and said, "This is my body that is for you. Do this in remembrance of me."
In the same way also the cup, after supper, saying, "This cup is the new covenant in my blood. Do this, as often as you drink it, in remembrance of me."
For as often as you eat this bread and drink the cup, you proclaim the death of the Lord until he comes.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint John 13:1-15.
Before the feast of Passover, Jesus knew that his hour had come to pass from this world to the Father. He loved his own in the world and he loved them to the end.
The devil had already induced Judas, son of Simon the Iscariot, to hand him over. So, during supper,
fully aware that the Father had put everything into his power and that he had come from God and was returning to God,
he rose from supper and took off his outer garments. He took a towel and tied it around his waist.
Then he poured water into a basin and began to wash the disciples' feet and dry them with the towel around his waist.
He came to Simon Peter, who said to him, "Master, are you going to wash my feet?"
Jesus answered and said to him, "What I am doing, you do not understand now, but you will understand later."
Peter said to him, "You will never wash my feet." Jesus answered him, "Unless I wash you, you will have no inheritance with me."
Simon Peter said to him, "Master, then not only my feet, but my hands and head as well."
Jesus said to him, "Whoever has bathed has no need except to have his feet washed, for he is clean all over; so you are clean, but not all."
For he knew who would betray him; for this reason, he said, "Not all of you are clean."
So when he had washed their feet (and) put his garments back on and reclined at table again, he said to them, "Do you realize what I have done for you?
You call me 'teacher' and 'master,' and rightly so, for indeed I am.
If I, therefore, the master and teacher, have washed your feet, you ought to wash one another's feet.
I have given you a model to follow, so that as I have done for you, you should also do. 
Jn 13,1-15
Commentary of the day 
Saint John-Mary Vianney (1786-1859), priest, curé of Ars
Sermon for Holy Thursday
"He loved them to the end"
What great love, what charity was that of Jesus Christ when he chose the evening of the day he was to be put to death to institute a sacrament through which he would remain in our midst, to be our Father, Consoler, and all our good! Still happier than those who were alive during his mortal life, when he was only in one place and people had to come from a great distance if they were to have the joy of seeing him, now, today we find him everywhere in the world and this joy is promised to me until the world's end. O what great love was that of God for his creatures!

       No indeed! Nothing could stop him when it came to showing us the greatness of his love. At that happy moment for us, all Jerusalem was on fire, all the people in an uproar, everyone was plotting his harm, everyone wanting to shed his precious blood – and yet it was precisely at that moment that he prepared for them, as for us, the most unutterable testimony of his love.

Thursday, 01 April 2010

St. Hugh, Bishop (1053-1132)



SAINT HUGH
Bishop
(1053-1132)
        It was the happiness of this Saint to receive from his cradle the strongest impressions of piety by the example and care of his illustrious and holy parents. He was born at Chateau-neuf, in the territory of Valence in Dauphiné, in 1053. His father, Odilo, who served his country in an honorable post in the army, labored by all the means in his power to make his soldiers faithful servants of their Creator, and by severe punishments to restrain vice.
        By the advice of his son, St. Hugh, he afterwards became a Carthusian monk, and died at the age of a hundred, having received Extreme Unction and Viaticum from the hands of his son. Our Saint likewise assisted, in her last moments, his mother, who had for many years, under his direction, served God in her own house, by prayer, fasting, and plenteous alms-deeds. Hugh, from the cradle, appeared to be a child of benediction. He went through his studies with great applause, and having chosen to serve God in an ecclesiastical state, he accepted a canonry in the cathedral of Valence.
        His great sanctity and learning rendered him an ornament of that church, and he was finally made Bishop of Grenoble. He set himself at once to reprove vice and to reform abuses, and so plentiful was the benediction of Heaven upon his labors that he had the comfort to see the face of his diocese in a short time exceedingly changed. After two years he privately resigned his bishopric, presuming on the tacit consent of the Holy See, and, putting on the habit of St. Bennet, he entered upon a novitiate in the austere abbey of Casa-Dei in Auvergne. There he lived a year, a perfect model of all virtues to that house of Saints, till Pope Gregory VII. commanded him, in virtue of holy obedience, to resume his pastoral charge.
        He earnestly solicited Pope Innocent II. for leave to resign his bishopric, that he might die in solitude, but was never able to obtain his request. God was pleased to purify his soul by a lingering illness before He called him to Himself. Some time before his death he lost his memory for everything but his prayers.
        He closed his penitential course on the 1st of April in 1132, wanting only two months of being Eighty years old, of which he had been fifty-two years bishop. Miracles attested the sanctity of his happy death, and he was canonized by Innocent II. in 1134.


Lives of the Saints, by Alban Butler, Benziger Bros. ed. [1894]

«Los amó hasta el extremo»

EVANGELIO DEL DÍA: 01/04/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Jueves Santo en la Cena del Señor

Libro del Exodo 12,1-8.11-14.
Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:
Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.
Digan a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.
Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.
Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.
Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.
Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.
Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.
Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

Salmo 116(115),12-13.15-16.17-18.
¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación e invocaré el nombre del Señor.
¡Qué penosa es para el Señor la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor, tu servidor, lo mismo que mi madre: por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor, en presencia de todo su pueblo,

Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26.
Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan,
dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía".
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Evangelio según San Juan 13,1-15.
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".
Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".
"No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
"Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".
Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. 
Jn 13,1-15
Leer el comentario del Evangelio por 
San Juan-María Vianney (1786-1859), presbítero, párroco de Ars
Sermón para el Jueves Santo
«Los amó hasta el extremo»
     ¡Qué amor, qué caridad la de nuestro Señor Jesucristo al escoger la vigilia del día en que habían de hacerle morir para instituir un sacramento por el cual iba a quedarse entre nosotros, para ser nuestro Padre, nuestro Consolador y toda nuestra felicidad! Más felices somos nosotros que los que vivían en tiempo de su vida mortal en que él no estaba en un lugar fijo, en que era necesario desplazarse lejos para tener la dicha de verle; hoy le encontramos en todas los lugares del mundo, y esta dicha se me ha prometido ser realidad hasta que se acabe el mundo. ¡Oh amor inmenso de un Dios por sus criaturas!
     No, nada puede hacerle parar cuando se trata de mostrarnos la grandeza de su amor. En este momento, dichoso para nosotros, toda Jerusalén esta ardiendo, todo el populacho hecho una furia, todos conspiran su perdición, todos quieren se derrame su sangre adorable –y es precisamente en este momento- que él les prepara, igual que a nosotros, la prueba más inefable de su amor.

jueves 01 Abril 2010

San Hugo



San Hugo, (significa "el inteligente"), obispo, nació en Francia en el año 1052.
Gregorio VII ordenó de obispo a Hugo cuándo sólo tenía 28 años,  lo envió a dirigir la diócesis de Grenoble, en Francia. Allá estará de obispo por 50 años, aunque intentará renunciar al cargo ante 5 Pontífices, pero ninguno se la aceptará.
El dedicaba largas horas a la oración y a la meditación y recorría su diócesis de parroquia en parroquia corrigiendo abusos y enseñando cómo obrar el bien. Creyéndose un inepto y un inútil para este cargo, se fue a un convento a rezar y a hacer penitencia.    Pero el Sumo Pontífice Gregorio VII, que lo necesitaba muchísimo para que le ayudara a volver más fervorosa a la gente, lo llamó paternalmente y lo hizo retornar otra vez a su diócesis a seguir siendo obispo.
Un día llegó San Bruno con 6 amigos a pedirle a San Hugo que les concediera un sitio donde fundar un convento de gran rigidez, para los que quisieran hacerse santos basado en oración, silencio, ayunos, estudio y meditación. El santo obispo les dio un sitio llamado Cartuja, fue fundada la Orden de los Cartujos, donde el silencio es perpetuo (hablan el domingo de Pascua) y donde el ayuno, la mortificación y la oración llevan a sus religiosos a una gran santidad.    Para San Hugo sus días en la Cartuja eran como un oasis en medio del desierto de este mundo corrompido y corruptor, pero cuando ya llevaba varios días allí, su director San Bruno le avisaba que Dios lo quería al frente de su diócesis, y tenía que volverse otra vez a su ciudad.
Los sacerdotes más fervorosos y el pueblo humilde aceptaban con muy buena voluntad las órdenes y consejos del Santo obispo.    Varias veces fue a Roma a visitar al Papa y a rogarle que le quitara aquel oficio de obispo porque no se creía digno. Pero ni Gregorio VII, ni Urbano II, ni Pascual II, ni Inocencio II, quisieron aceptarle su renuncia porque sabían que era un gran apóstol.    Cuando ya muy anciano le pidió al Papa Honorio II que lo librara de aquel cargo porque estaba muy viejo, débil y enfermo, el Sumo Pontífice le respondió: "Prefiero de obispo a Hugo, viejo, débil y enfermo, antes que a otro que esté lleno de juventud y de salud".    Era un gran orador, y como rezaba mucho antes de predicar, sus sermones conmovían profundamente a sus oyentes.
Era muy frecuente que en medio de sus sermones, grandes pecadores empezaran a llorar a grito entero y a suplicar a grandes voces que el Señor Dios les perdonara sus pecados. Sus sermones obtenían numerosas conversiones.
Al final de su vida la artritis le producía dolores inmensos y continuos pero nadie se daba cuenta de que estaba sufriendo, porque sabía colocar una muralla de sonrisas para que nadie supiera los dolores que estaba padeciendo por amor a Dios y salvación de las almas. Un día al verlo llorar por sus pecados le dijo un hombre: "- Padre, ¿por qué llora, si jamás ha cometido un pecado deliberado y plenamente aceptado?- ". Y él le respondió: "El Señor Dios encuentra manchas hasta en sus propios ángeles. Y yo quiero decirle con el salmista: "Señor, perdóname aun de aquellos pecados de los cuales yo no me he dado cuenta y no recuerdo".  Murió a los 80 años, el 1 de abril de 1132. El Papa Inocencio II lo declaró santo, dos años después de su muerte.




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Oremos

Señor, tú que colocaste a San Hugo en el número de los santos pastores y lo hiciste brillar por el ardor de la caridad y de aquella fe que vence al mundo, haz que también nosotros, por su intercesión, perseveremos firmes en la fe y arraigados en el amor y merezcamos así participar de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Calendario  de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de las Lágrimas, Sicilia (1953)

martes, 30 de marzo de 2010

"Where do you want us to prepare for you to eat the Passover?"

DAILY GOSPEL: 31/03/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Wednesday of Holy Week

Book of Isaiah 50:4-9.
The Lord GOD has given me a well-trained tongue, That I might know how to speak to the weary a word that will rouse them. Morning after morning he opens my ear that I may hear;
And I have not rebelled, have not turned back.
I gave my back to those who beat me, my cheeks to those who plucked my beard; My face I did not shield from buffets and spitting.
The Lord GOD is my help, therefore I am not disgraced; I have set my face like flint, knowing that I shall not be put to shame.
He is near who upholds my right; if anyone wishes to oppose me, let us appear together. Who disputes my right? Let him confront me.
See, the Lord GOD is my help; who will prove me wrong? Lo, they will all wear out like cloth, the moth will eat them up.

Psalms 69(68):8-10.21-22.31.33-34.
For your sake I bear insult, shame covers my face.
I have become an outcast to my kin, a stranger to my mother's children.
Because zeal for your house consumes me, I am scorned by those who scorn you.
Insult has broken my heart, and I am weak; I looked for compassion, but there was none, for comforters, but found none.
Instead they put gall in my food; for my thirst they gave me vinegar.
That I may praise God's name in song and glorify it with thanksgiving.
"See, you lowly ones, and be glad; you who seek God, take heart!
For the LORD hears the poor, does not spurn those in bondage.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Matthew 26:14-25.
One of the Twelve, who was called Judas Iscariot, went to the chief priests
and said, "What are you willing to give me if I hand him over to you?" They paid him thirty pieces of silver,
and from that time on he looked for an opportunity to hand him over.
On the first day of the Feast of Unleavened Bread, the disciples approached Jesus and said, "Where do you want us to prepare for you to eat the Passover?"
He said, "Go into the city to a certain man and tell him, 'The teacher says, "My appointed time draws near; in your house I shall celebrate the Passover with my disciples."'"
The disciples then did as Jesus had ordered, and prepared the Passover.
When it was evening, he reclined at table with the Twelve.
And while they were eating, he said, "Amen, I say to you, one of you will betray me."
Deeply distressed at this, they began to say to him one after another, "Surely it is not I, Lord?"
He said in reply, "He who has dipped his hand into the dish with me is the one who will betray me.
The Son of Man indeed goes, as it is written of him, but woe to that man by whom the Son of Man is betrayed. It would be better for that man if he had never been born."
Then Judas, his betrayer, said in reply, "Surely it is not I, Rabbi?" He answered, "You have said so."
Mt 26,14-25
Commentary of the day 
Saint Teresa Benedicta of the Cross [Edith Stein] (1891-1942), Carmelite, martyr, co-patron of Europe
The  Prayer of the Church (©Institute of Carmelite Studies)
"Where do you want us to prepare for you to eat the Passover?"
The Gospels tell us that Christ prayed the way a devout Jew faithful to the Law prayed... We know that Jesus said the old blessings over bread, wine, and the fruitso f the earth as they are prayed to this day. So he fulfilled one of the most sacred religious duties: the ceremonial Passover seder to commemorate deliverance from slavery in Egypt. And perhaps this very gathering gives us the most profound glimpse into Christ's prayer and the key to understanding the prayer of the Church...

     Blessing and distributing bread and wine were part of the Passover rite. But here both receive an entirely new meaning. This is where the life of the church begins. Only at Pentecost will it appear publicly as a Spirit-filled and visible community. But here at the Passover meal the seeds of the vineyard are planted that make the outpouring of the Spirit possible. In the mouth of Christ, the old blessings become life-giving words. The fruits of the earth become his body and blood, filled with his life... Through the Lord's last supper, the Passover meal of the Old Covenant is converted into the Easter meal of the New Covenant.

Wednesday, 31 March 2010

St. Benjamin, Deacon and Martyr (c. 424)



SAINT BENJAMIN
Deacon, Martyr
(+ c. 424)
        Isdegerdes, Son of Sapor III., put a stop to the cruel persecutions against the Christians in Persia, which had been begun by Sapor II., and the Church had enjoyed twelve years' peace in that kingdom, when in 420 it was disturbed by the indiscreet zeal of Abdas, a Christian bishop, who burned down the Pyræum, or Temple of Fire, the great divinity of the Persians. King Isdegerdes thereupon demolished all the Christian churches in Persia, put to death Abdas, and raised a general persecution against the Church, which continued forty years with great fury.
        Isdegerdes died the year following, in 421. But his son and successor, Varanes, carried on the persecution with greater inhumanity. The very recital of the cruelties he exercised on the Christian strikes us with horror.
        Among the glorious champions of Christ was St. Benjamin, a deacon. The tyrant caused him to be beaten and imprisoned. He had lain a year in the dungeon, when an ambassador from the emperor obtained his release on condition that he should never speak to any of the courtiers about religion. The ambassador passed his word in his behalf that he would not; but Benjamin, who was a minister of the Gospel, declared that he should miss no opportunity of announcing Christ.
        The king, being informed that he still preached the Faith in his kingdom, ordered him to be apprehended. He suffered tortures frequently repeated with violence. Lastly, he expired about the year 424.


Lives of the Saints, by Alban Butler, Benziger Bros. ed. [1894]

«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»


EVANGELIO DEL DÍA: 31/03/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

Miércoles Santo
Libro de Isaías 50,4-9.
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar? Todos ellos se gastarán como un vestido, se los comerá la polilla.

Salmo 69(68),8-10.21-22.31.33-34.
Por ti he soportado afrentas y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos, fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora, y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
La vergüenza me destroza el corazón, y no tengo remedio. Espero compasión y no la encuentro, en vano busco un consuelo:
pusieron veneno en mi comida, y cuando tuve sed me dieron vinagre.
así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias;
Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos.

Evangelio según San Mateo 26,14-25.
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús. 
Mt 26,14-25
Leer el comentario del Evangelio por 
Santa Teresa Benedicta de la Cruz [Edith Stein] (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa
La oración de la Iglesia
«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
     Conocemos por los relatos evangélicos que Cristo oraba como oraba un judío creyente y fiel a la Ley... Que rezó las antiguas oraciones de bendición, que todavía hoy se rezan sobre le pan, el vino y los frutos de la tierra nos lo atestigua el relato de su última cena con sus discípulos, que estuvo dedicada al cumplimiento de uno de los más sagrados deberes religiosos: a la solemne cena pascual, a la conmemoración de la liberación de la esclavitud de Egipto. Y quizás nos ofrece, precisamente esta cena, la visión más profunda de la oración de Cristo y la clave para entender la oración de la Iglesia...

     La bendición y la distribución del pan y del vino eran parte del rito de la cena pascual. Pero ambas reciben aquí un sentido completamente nuevo. Con ellas comienza la vida de la Iglesia. Sin duda, será a partir de Pentecostés cuando aparezca abiertamente como comunidad llena de espíritu y visible. Pero es aquí, en la Cena pascual, cuando tiene lugar el injerto de los sarmientos en la cepa que hace posible la efusión del Espíritu. Las antiguas oraciones de bendición se han convertido en boca de Cristo en palabra creadora de vida. Los frutos de la tierra se han convertido en su carne y sangre, llenos de vida... La comida pascual de la Antigua Alianza  se ha convertido en la comida pascual de la Nueva Alianza.  

miércoles 31 Marzo 2010

San Amós (Profeta)



 Antes de su vocación, Amós fue pastor y labrador que apacentaba sus ovejas y cultivaba cabrahígos (planta masculina de la higuera silvestre) en Tekoa, localidad de la montaña de Judá, situada a 20 Kilómetros al sur de Jerusalén.  A  pesar de su pertenencia al reino de Judá, Dios lo llamó al reino de Israel (cfr:1, 1; 7, 14s ) para que predicase contra la corrupción moral y religiosa de aquel país cismático que se había separado de Judá y el Templo.
El marco en que desempeña su ministerio profético está situado junto al santuario de Betel. Desde un principio, el profeta se mostró intrépido defensor de la Ley de Dios, especialmente en su encarnizada lucha contra el culto del becerro de oro erigido en Betel.  Perseguido por Amasías, sacerdote de aquel becerro (7, 10), el profeta murió mártir, según una tradición judía. La Iglesia le conmemora en el calendario de los santos del 31 Marzo.  
Los dos primeros capítulos contienen amenazas contra los pueblos vecinos, mientras los capítulos 3 a 6 comprenden profecías contra el reino de Israel por sus extorsiones, avaricia, fraudes e idolatría.
Los capítulos 7 a 9 presentan cinco visiones proféticas acerca del juicio de Dios sobre su pueblo y el reino mesiánico, a cuya maravillas dedica los últimos versículos, como lo hacen también Oseas, Joel, Abdías y casi todos los Profetas Mayores y Menores.   Y la época particular de su función para hablar en nombre de de Dios, es en el reinado de Jeroboán II (783-743 a. C.).
Es uno de los momentos gloriosos del pueblo de Israel consideradas las cosas desde el punto de vista humano; se vive en paz y tranquilidad, el Reino del Norte se extiende y enriquece hasta el punto que el lujo de los grandes y poderosos es un insulto para la miseria en que está el pueblo. Incluso el esplendor del culto, encubre la ausencia de una religión verdadera.
Con un estilo sencillo y tan rudo como cabe esperar de un pastor que pasa su vida entre los animales que cuida en soledad, condena la vida corrompida de las ciudades, se indigna por las desigualdades sociales que claman al cielo como grita una injusticia y protesta por la falsa seguridad depositada por sus contemporáneos en los ritos religiosos que están vacíos porque no llevan a compromisos personales.    
Dios castigará a los poderosos -clase dirigente- de Samaría que pecan maltratando a los pequeños del pueblo. Critica las idolatrías, violencias, injusticias, disolución y universal corrupción en la que está sumido el rebaño elegido.   Por primera vez emplea dos expresiones que luego serán utilizadas ampliamente en la literatura profética posterior.
Habla del ”día de Yahwéh”, cargado de acentos terribles, para designar el momento en que Dios tomará justas decisiones reivindicativas; en medio de tinieblas, Yahwéh castigará a Israel por sus maldades, utilizando a un pueblo que en la mente del profeta Amós es Asíria.    
Otra expresión novedosa es el resto, término con el que se quiere designar a una porción de israelitas fieles al yawismo puro en quienes reposará la esperanza de una perspectiva de salvación posterior.   Desde siempre ambicionó el hombre las riquezas para poseer, el poder para dominar a los demás y la gloria para alimentar su soberbia; esto trae como directa consecuencia el oscurecimiento y eclipse de Dios. Amós, profeta, dijo en su nombre que Él mira y valora lo de adentro.
Cumplió con valentía el encargo dificultoso de hablar claro y sin tapujos para clarificar actitudes, aunque le llevaran a sufrir las acusaciones de Amasías, sacerdote de Betel, y la persecución de su hijo Ozías.






" En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuesra fe; porque, ¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?" I Jn 5, 3-5



Calendario    de Fiestas Marianas: Nuestra  Señora de la Santa Cruz, Jerusalén.

"He dipped the morsel and handed it to Judas"

DAILY GOSPEL: 30/03/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68

Tuesday of Holy Week

Book of Isaiah 49:1-6.
Hear me, O islands, listen, O distant peoples. The Lord called me from birth, from my mother's womb he gave me my name.
He made of me a sharp-edged sword and concealed me in the shadow of his arm. He made me a polished arrow, in his quiver he hid me.
You are my servant, he said to me, Israel, through whom I show my glory.
Though I thought I had toiled in vain, and for nothing, uselessly, spent my strength, Yet my reward is with the LORD, my recompense is with my God.
For now the LORD has spoken who formed me as his servant from the womb, That Jacob may be brought back to him and Israel gathered to him; And I am made glorious in the sight of the LORD, and my God is now my strength!
It is too little, he says, for you to be my servant, to raise up the tribes of Jacob, and restore the survivors of Israel; I will make you a light to the nations, that my salvation may reach to the ends of the earth.

Psalms 71(70):1-2.3-4.5-6.15.17.
In you, LORD, I take refuge; let me never be put to shame.
In your justice rescue and deliver me; listen to me and save me!
Be my rock and refuge, my secure stronghold; for you are my rock and fortress.
My God, rescue me from the power of the wicked, from the clutches of the violent.
You are my hope, Lord; my trust, GOD, from my youth.
On you I depend since birth; from my mother's womb you are my strength; my hope in you never wavers.
My mouth shall proclaim your just deeds, day after day your acts of deliverance, though I cannot number them all.
God, you have taught me from my youth; to this day I proclaim your wondrous deeds.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint John 13:21-33.36-38.
Reclining at table with his disciples, Jesus was deeply troubled and testified, «Amen, amen, I say to you, one of you will betray me.»
The disciples looked at one another, at a loss as to whom he meant.
One of his disciples, the one whom Jesus loved, was reclining at Jesus' side.
So Simon Peter nodded to him to find out whom he meant.
He leaned back against Jesus' chest and said to him, "Master, who is it?"
Jesus answered, "It is the one to whom I hand the morsel after I have dipped it." So he dipped the morsel and (took it and) handed it to Judas, son of Simon the Iscariot.
After he took the morsel, Satan entered him. So Jesus said to him, "What you are going to do, do quickly."
(Now) none of those reclining at table realized why he said this to him.
Some thought that since Judas kept the money bag, Jesus had told him, "Buy what we need for the feast," or to give something to the poor.
So he took the morsel and left at once. And it was night.
When Judas had left them, Jesus said, "Now is the Son of Man glorified, and God is glorified in him.
(If God is glorified in him,) God will also glorify him in himself, and he will glorify him at once.
My children, I will be with you only a little while longer. You will look for me, and as I told the Jews, 'Where I go you cannot come,' so now I say it to you.
Simon Peter said to him, "Master, where are you going?" Jesus answered (him), "Where I am going, you cannot follow me now, though you will follow later."
Peter said to him, "Master, why can't I follow you now? I will lay down my life for you."
Jesus answered, "Will you lay down your life for me? Amen, amen, I say to you, the cock will not crow before you deny me three times."
Jn 13,21-33#Jn 13,36-38
Commentary of the day 
Saint Augustine (354-430), Bishop of Hippo (North Africa) and Doctor of the Church
Sermons on Saint John's Gospel, 62, 63
"He dipped the morsel and handed it to Judas"
      When our Lord, Bread of Life (Jn 6,35), had given bread to that dead man and, in handing him the bread, indicated the one who would betray the living bread, he said to him: «What you have to do, do quickly». He was not commanding a crime; he was revealing his evil deed to Judas and declaring our good to us. Was it not all the worse for Judas and all the better for us that Christ should be delivered up? For Judas, who is harming himself, acts on our behalf without knowing it.

       «What you have to do, do quickly.» These are words of a man who stands ready, not of a man who is annoyed; these words say less about the punishment of the betrayer as about the reward of the redeemer, of the one who redeems. For in saying: «What you have to do, do quickly» Christ is seeking to hasten the salvation of believers far more than he is accusing the unfaithful man's crime. «He was handed over for our transgressions; Christ loved the Church and handed himself over for her» (Rom 4,25; Eph 5,25). This is what caused the apostle Paul say: «He loved me and gave himself up for me» (Ga 2,20). For in fact no one could have handed Christ over if he had not handed over himself... When Judas betrayed him, it was Christ who handed himself over; the former undertook his sale, the latter our purchase. «What you have to do, do quickly»: not so that it might be given over into your power but because it is the will of him who can do all things...

       «Judas took the morsel and left at once. It was night.» And he who went out was himself night. Then, when night had left, Jesus said: «Now is the Son of Man glorified!» Day unto day hands on the word (cf. Ps 19[18],3), that is to say Christ entrusts it to his disciples so that they might hear and follow him in love... Something similar will take place when the world that Christ has vanquished passes away, Then, when the weeds are no longer mixed up with the wheat, the righteous will shine like the sun in the kingdom of their Father (Mt 13,43).
                    

Tuesday, 30 March 2010

St. John Climacus, anchorite (6th-7th centuries)



SAINT JOHN CLIMACUS
Anchorite
(6th-7th centuries)
        John made, while still young, such progress in learning that he was called the Scholastic. At the age of sixteen he turned from the brilliant future which lay before him, and retired to Mt. Sinai, where he put himself under the direction of a holy monk. Never was novice more fervent, more unrelaxing in his efforts for self-mastery. After four years he took the vows, and an aged abbot foretold that he would some day be one of the greatest lights of the Church.
        Nineteen years later, on the death of his director, he withdrew into a deeper solitude, where he studied the lives and writings of the Saints, and was raised to an unusual height of contemplation. The fame of his holiness and practical wisdom drew crowds around him for advice and consolation. For his greater profit he visited the solitudes of Egypt.
        At the age of seventy-five he was chosen abbot of Mt. Sinai, and there "he dwelt in the mount of God, and drew from the rich treasure of his heart priceless riches of doctrine, which he poured forth with wondrous abundance and benediction."
        He was induced by a brother abbot to write the rules by which he had guided his life; and his book called the Climax, orLadder of Perfection, has been prized in all ages for its wisdom, its clearness, and its unction.
        At the end of four years he would no longer endure the honors and distractions of his office, and retired to his solitude, where he fell asleep in the Lord.


Lives of the Saints, by Alban Butler, Benziger Bros. ed. [1894]