San Marcos 6,7-13

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.
Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero;
que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas.
Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir.
Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión;
expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

COMENTARIO

por P. Antonio Diufaín Mora
Sacerdote

El profeta Amós certifica que su carisma profético viene de Dios. Ha sido Yahvé quién le ha llamado, y sólo por haber sido llamado ejerce de profeta. Poco más tarde, Amasías tendrá la oportunidad de comprobar que lo que decía Amós era verdad, venía de Dios.

En el Evangelio se nos presenta la misión de los Doce. Jesús los envía con su misma autoridad, de modo que, al igual que Él, predican la conversión, curan enfermos y echan demonios. 

«Les mandó que no llevaran nada para el camino». El Señor insiste en la necesidad de ir desprovistos de medios y seguridades; la única seguridad del apóstol reside –lo mismo que el profeta Amós– en el hecho de ir enviados en el nombre de Jesús, y respaldados por Él. El equipaje de los predicadores del evangelio es el mismo de Jesús: pobreza incluso material, confianza en Dios, y el respaldo de quien los envía. Esta es también una ley esencial para la eficacia de la misión evangelizadora de la Iglesia en todas las épocas y lugares.

De manera semejante que los Doce, todo cristiano es "enviado a echar demonios", cada uno según su propia vocación y misión. Cristo mismo nos capacita para ello, dándonos parte en su mismo poder (Bautismo, Confirmación, Orden sacerdotal). Y así toda la vida del cristiano, lo mismo que la de Cristo, es una lucha contra el maligno y contra el mal en todas sus manifestaciones, no sólo en uno mismo, sino también en los demás y en el ambiente que nos rodea. Precisamente para esto se ha manifestado Cristo, para deshacer las obras del Diablo.

Finalmente, el texto de la carta a los Efesios nos sitúa en la razón de ser de nuestra vida en este mundo. Hemos sido creados para ser santos. Esa es la única tarea necesaria y urgente. Para  eso hemos nacido. Sólo si somos santos nuestra vida valdrá la pena. Y sólo si somos santos echaremos los demonios y el mal de nosotros mismos y del mundo.