EVANGELIO DEL DÍA

lunes, 21 de febrero de 2011

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»

EVANGELIO DEL DÍA: 22/02/2011
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


La Cátedra del Apóstol San Pedro - Fiesta

Epístola I de San Pedro 5,1-4.
Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada.
Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación;
no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño.
Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

Salmo 23(22),1-3.4.5.6.
Salmo de David. El señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.

Evangelio según San Mateo 16,13-19.
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 
Mt 16,13-19
Leer el comentario del Evangelio por 
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la Iglesia « Lumen Gentium » § 22
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»
     Es por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un solo Colegio Apostólico, de igual modo se unen entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los Obispos sucesores de los Apóstoles. Ya la más antigua disciplina, conforme a la cual los Obispos establecidos por todo el mundo comunicaban entre sí y con el Obispo de Roma por el vínculo de la unidad, de la caridad y de la paz, como también los concilios convocados, para resolver en común las cosas más importantes después de haber considerado el parecer de muchos, manifiestan la naturaleza y forma colegial propia del orden episcopal. Forma que claramente demuestran los concilios ecuménicos que a lo largo de los siglos se han celebrado. Esto mismo lo muestra también el uso, introducido de antiguo, de llamar a varios Obispos a tomar parte en el rito de consagración cuando un nuevo elegido ha de ser elevado al ministerio del sumo sacerdocio. Uno es constituido miembro del cuerpo episcopal en virtud de la consagra¬ción sacramental y por la comunión jerárquica con la Cabeza y miembros del Colegio.

     El Colegio o cuerpo episcopal, por su parte, no tiene autori¬dad si no se considera incluido el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando siempre a salvo el poder primacial de éste, tanto sobre los pastores como sobre los fieles. Porque el Pontífice Romano tiene en virtud de su cargo de Vicario de Cristo y Pastor de toda Iglesia potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia, que puede siempre ejercer libremen¬te. En cambio, el orden de los Obispos, que sucede en el magis¬terio y en el régimen pastoral al Colegio Apostólico, y en quien perdura continuamente el cuerpo apostólico, junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza, es también sujeto de la suprema y plena potestad sobre la universal Iglesia, potestad que no puede ejercitarse sino con el consentimiento del Romano Pontífice. El Señor puso tan sólo a Simón como roca y portador de las llaves de la Iglesia (Mt,16,18-19), y le constituyó Pastor de toda su grey (cf. Jn, 21,15ss); pero el oficio que dio a Pedro de atar y desatar, consta que lo dio también al Colegio de los Apóstoles unido con su Cabeza (Mt, 18,18; 28,16-20). Este Colegio expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios en cuanto está compuesto de muchos; y la unidad de la grey de Cristo, en cuanto está agrupado bajo una sola Cabeza. 


martes 22 Febrero 2011

La Cátedra del Apóstol  San Pedro



Para recordar dos etapas importantísimas de la misión del príncipe de los Apóstoles y la fundación del cristianismo primero en Antioquía y después en Roma, el Martirologio Romano celebra el 22 de febrero la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Antioquía y el 18 de enero la de su Cátedra en Roma.

La reciente reforma del calendario unificó las dos conmemoraciones el 22 de febrero, fecha que tiene su apoyo en una antigua tradición que refiere la Depositio martyrum. En efecto, en este día se celebraba la cátedra romana, anticipada después en Galia al 18 de enero, para evitar que la fiesta cayera en tiempo de Cuaresma.

Por eso se terminó celebrando la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Antioquía el 22 de febrero, y la romana el 18 de enero. La cátedra, literalmente, es la silla fija del Sumo Pontífice y de los obispos. Se encuentra permanentemente en la iglesia madre de la diócesis (de aquí el nombre de "catedral") y es el símbolo de la autoridad del obispo y de su magisterio ordinario en la Iglesia local.

La cátedra de San Pedro indica, pues, su posición preeminente en el colegio apostólico, por explícita voluntad de Jesús, que le confía la misión de "apacentar" el rebaño, esto es, guiar el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia.

Esta investidura por parte de Cristo, confirmada después de la resurrección, es respetada. En efecto, después de la Ascensión vemos a Pedro cumpliendo su tarea de guía. Preside la elección de Matías y habla en nombre de todos sea a la multitud que acude a escucharlo ante el cenáculo, el día de Pentecostés, sea más tarde ante el Sanedrín.

El mismo Herodes Agripa sabe que le da un golpe mortal a la naciente Iglesia eliminando a su jefe, San Pedro. Mientras la presencia de Pedro en Antioquía es innegable por los escritos neotestamentarios, su ida a Roma en los primeros años del imperio de Claudio no tiene pruebas tan evidentes.

El desarrollo del cristianismo en la capital del imperio confirmado por la carta paulina a los Romanos (escrita hacia el año 57) no se explica sin la presencia de un misionero de primer plano. La llegada, cualquiera que sea la fecha, de San Pedro a Roma, y su muerte, las confirman tradiciones antiquísimas, aceptadas ahora universalmente por estudiosos, incluso no católicos.

Lo confirman de manera históricamente inobjetable las excavaciones hechas en 1939 por orden de Pío XII en las Grutas Vaticanas, debajo de la Basílica de San Pedro, y cuyos resultados son aceptados favorablemente por estudiosos no católicos.




Himno

Tú, Cefas, eres Pedro y eres roca, / eres maestro fiel y gobernante / de la barca divina en que viajamos / de esta sombra a la aurora rutilante.

Eres piedra angular en que se basa / el templo espiritual del Dios viviente; / tu humilde llanto canceló la culpa / de tu culpable labio irreverente.

Demos gracias al Padre y a su Hijo, / y al Espíritu, fuego sempiterno, / porque la Iglesia no será vencida / por la fuerza terrible del infierno. Amén

No permitas, Señor, que ninguna desorientación llegue a perturbar nunca la fe de la Iglesia, que tú quisiste estuviera cimentada sobre la roca sólida de la confesión del apóstol San Pedro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Nuestra Señora  del Socorro, Rennes, Francia


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