EVANGELIO DEL DÍA

viernes, 5 de noviembre de 2010

«Ganaos amigos con el dinero injusto»

EVANGELIO DEL DÍA: 06/11/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Sábado de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario


Carta de San Pablo a los Filipenses 4,10-19.
Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos.
No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación.
Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.
Yo lo puedo todo en aquel que me conforta.
Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.
Y ya saben, filipenses, que al comienzo de la evangelización, cuando dejé Macedonia, ninguna otra iglesia me ayudó pecuniariamente. Ustedes fueron los únicos
que cuando estaba en Tesalónica, en dos ocasiones me enviaron medios para asistirme en mis necesidades.
No es que yo busque regalos; solamente quiero darles la ocasión de que ustedes se enriquezcan cada vez más delante de Dios.
Por el momento, tengo todo lo necesario y más todavía. Vivo en la abundancia desde que Epafrodito me entregó la ofrenda de ustedes, como perfume de aroma agradable, como sacrificio aceptable y grato a Dios.
Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.

Salmo 112(111),1-2.5-6.8.9.
¡Aleluya! Feliz el hombre que teme al Señor y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra : la posteridad de los justos es bendecida.
Dichoso el que se compadece y da prestado, y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás, su recuerdo permanecerá para siempre.
Su ánimo está seguro, y no temerá, hasta que vea la derrota de sus enemigos.
El da abundantemente a los pobres : su generosidad permanecerá para siempre, y alzará su frente con dignidad.

Evangelio según San Lucas 16,9-15.
Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho.
Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien?
Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes?
Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero".
Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús.
El les dijo: "Ustedes aparentan rectitud ante los hombres, pero Dios conoce sus corazones. Porque lo que es estimable a los ojos de los hombres, resulta despreciable para Dios. 
Lc 16,9-15
Leer el comentario del Evangelio por 
San Gaudencio de Brescia (?- cerca 406) obispo
Sermón 18; PL 20, 973-975
«Ganaos amigos con el dinero injusto»
     Esos amigos que nos alcanzarán la salvación son, evidentemente, los pobres, porque, según nos dice Cristo, es él mismo, el autor de la recompensa eterna, quien, en ellos, recogerá los servicios que nuestra caridad les habrá procurado. Es por este hecho que seremos bien acogidos por los pobres, pero no en su propio nombre sino en el nombre de aquél que, en ellos, gusta del fruto refrescante de nuestra obediencia y de nuestra fe. Los que llevan a cabo este servicio de amor serán recibidos en las estancias eternas del Reino de los cielos, puesto que el mismo Cristo dirá: «Venid, benditos de mi Padre, recibid en herencia el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me distéis de comer; tuve sed y me distéis de beber» (Mt 25, 34)...

     Finalmente, el Señor añade: «Y si no habéis sido dignos de que se os confiaran los bienes de otros, los vuestros ¿quién os los dará?». Pues en efecto, nada de lo que es de este mundo nos pertenece verdaderamente. Porque a nosotros, que esperamos la recompensa futura, se nos invita a comportarnos aquí abajo como huéspedes y peregrinos, de manera que todos podamos, con toda seguridad, decir al Señor: «Soy un extraño, un forastero como todos mis padres» (Sl 38,13).

     Pero, los bienes eternos pertenecen, propiamente, a los creyentes. Sabemos que están en el cielo, allí donde «está nuestro corazón y nuestro tesoro» (Mt 6,21), y donde –esta es nuestra íntima convicción- vivimos ya desde ahora por la fe. Porque, según lo enseña san Pablo: «Somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20).


sábado 06 Noviembre 2010

San Leonardo de Noblac (o de Limoges)



San Leonardo de Noblac (o de Limoges)
Es uno de los santos más populares de Europa central. En efecto; dice un estudioso que en su honor se erigieron no menos de seiscientas iglesias y capillas, y su nombre aparece frecuentemente en la toponomástica y en el folclor.
El mismo estudioso añade que él «despertó una devoción particular en tiempos de las cruzadas, y entre los devotos se cuenta el príncipe Boemundo de Antioquía que, hecho prisionero por los infieles en 1100, atribuyó su liberación en 1103 al santo, y, de regreso a Europa, donó al santuario de Saint-Léonard-de-Noblac, como ex voto, unas cadenas de plata parecidas a las que él había llevado durante su cautiverio». San Leonardo de Noblac (o de Limoges) es un santo «descubierto» a principios del siglo XI, y a ese período remontan las primeras biografías, que después inspiraron el culto hacia él.
Leonardo nació en Galia en tiempos del emperador Anastasio, es decir, entre el 491 y el 518. Como sus padres, a más de nobles, eran amigos de Clodoveo, el gran jefe de los Francos, éste quiso servir de padrino en el bautismo del niño. Cuando ya era joven, Leonardo no quiso seguir la carrera de las armas y prefirió ponerse al servicio de San Remigio, que era obispo de Reims.   Como San Remigio, sirviéndose de la amistad con el rey, había obtenido el privilegio de poder conceder la libertad a todos los prisioneros que encontrara, también Leonardo pidió y obtuvo un poder semejante, que ejerció muchas veces.
El rey quiso concederle algo más: la dignidad episcopal. Pero Leonardo, que no aspiraba a glorias humanas, prefirió retirarse primero a San Maximino en Micy, y después a un lugar cercano a Limoges, en el centro de un bosque llamado Pavum.   Un día su soledad se vio interrumpida por la llegada de Clodoveo que iba a cacería junto con todo su séquito. Con el rey iba también la reina, a quien precisamente en ese momento le   vinieron los dolores del parto.
Las oraciones y los cuidados de San Leonardo hicieron que el parto saliera muy bien, y entonces el rey hizo con el santo un pacto muy particular: le obsequiaría, para construir un monasterio, todo el territorio que pudiera recorrer a lomo de un burro. Alrededor del oratorio en honor de María Santísima habría surgido una nueva ciudad.






Oremos 



Tú, Señor, que nos has dado un modelo de perfección evangélica en la vida ejemplar de San Leonardo de Noblac, concédenos, en medio de los acontecimientos de este mundo, que sepamos adherirnos, con todo nuestro corazón, a los bienes de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

"Make friends for yourself with dishonest wealth"

DAILY GOSPEL: 06/11/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Saturday of the Thirty-first week in Ordinary Time


Letter to the Philippians 4:10-19.
I rejoice greatly in the Lord that now at last you revived your concern for me. You were, of course, concerned about me but lacked an opportunity.
Not that I say this because of need, for I have learned, in whatever situation I find myself, to be self-sufficient.
I know indeed how to live in humble circumstances; I know also how to live with abundance. In every circumstance and in all things I have learned the secret of being well fed and of going hungry, of living in abundance and of being in need.
I have the strength for everything through him who empowers me.
Still, it was kind of you to share in my distress.
You Philippians indeed know that at the beginning of the gospel, when I left Macedonia, not a single church shared with me in an account of giving and receiving, except you alone.
For even when I was at Thessalonica you sent me something for my needs, not only once but more than once.
It is not that I am eager for the gift; rather, I am eager for the profit that accrues to your account.
I have received full payment and I abound. I am very well supplied because of what I received from you through Epaphroditus, "a fragrant aroma," an acceptable sacrifice, pleasing to God.
My God will fully supply whatever you need, in accord with his glorious riches in Christ Jesus.

Psalms 112(111):1-2.5-6.8.9.
Hallelujah! Happy are those who fear the LORD, who greatly delight in God's commands.
Their descendants shall be mighty in the land, generation upright and blessed.
All goes well for those gracious in lending, who conduct their affairs with justice.
They shall never be shaken; the just shall be remembered forever.
Their hearts are tranquil, without fear, till at last they look down on their foes.
Lavishly they give to the poor; their prosperity shall endure forever; their horn shall be exalted in honor.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 16:9-15.
I tell you, make friends for yourselves with dishonest wealth, so that when it fails, you will be welcomed into eternal dwellings.
The person who is trustworthy in very small matters is also trustworthy in great ones; and the person who is dishonest in very small matters is also dishonest in great ones.
If, therefore, you are not trustworthy with dishonest wealth, who will trust you with true wealth?
If you are not trustworthy with what belongs to another, who will give you what is yours?
No servant can serve two masters. He will either hate one and love the other, or be devoted to one and despise the other. You cannot serve God and mammon."
The Pharisees, who loved money, heard all these things and sneered at him.
And he said to them, "You justify yourselves in the sight of others, but God knows your hearts; for what is of human esteem is an abomination in the sight of God. 
Lc 16,9-15
Commentary of the day 
Saint Gaudentius of Brescia (?-after 406), Bishop
Sermon 18 ; PL 20, 973-975 (copyright Friends of Henry Ashworth)
"Make friends for yourself with dishonest wealth"
These poor people will befriend you by assuring your salvation, for Christ, the giver of eternal rewards, will declare that he himself received the acts of kindness done to them. Not in their own name, then, will these poor folk welcome us, but in the name of him who is refreshed in their persons by the fruit of our faith and obedience. Those who exercised this ministry of love will be received into the eternal dwellings of the kingdom of heaven, for the King will say: «Come, blessed of my Father, take possession of the kingdom prepared for you from the beginning of the world; for I was hungry and you fed me, thirsty and you gave me drink» (Mt 25,34)...

To this the Lord adds: «If you cannot be trusted with another's property, who will give you your own?» Nothing in this world really belongs to us. We who hope for future reward are told to live in this world as strangers and pilgrims, so as to be able to say to the Lord without fear of contradiction: «I am a stranger, a pilgrim like all my ancestors» (Ps 39[38],13).

What believers can regard as their own is that eternal and heavenly possession where «our heart and our treasure» are (Mt 6,21), and where intense longing makes us dwell already through faith, for as Saint Paul teaches: «Our homeland is in heaven» (Phil 3,20).


Saturday, 06 November 2010

St. Leonard († c. 550)



SAINT LEONARD OF NOBLAC
(† c. 550)
        Leonard, one of the chief personages of the court of Clovis, and for whom this monarch had stood as sponsor in baptism, was so moved by the discourse and example of St. Remigius that he relinquished the world in order to lead a more perfect life.
        The Bishop of Rheims having trained Leonard to virtue, he became the apostle of such of the Franks as still remained pagans; but fearing that he might be summoned to the court by his reputation for sanctity, he withdrew secretly to the monastery of Micy, near Orleans, and afterwards to the solitude of Noblac near Limoges.
        His charity not allowing him to remain inactive while there was so much good to be done, he undertook the work of comforting prisoners, making them understand that the captivity of sin was more terrible than any mere bodily constraint. He won over a great many of these unfortunate persons, which gained for him many disciples, in whose behalf he founded a new monastery.
        St. Leonard died about the year 550.

jueves, 4 de noviembre de 2010

«Llenad la tierra y sometedla» (Gn 1,28)

EVANGELIO DEL DÍA: 05/11/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Viernes de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario


Carta de San Pablo a los Filipenses 3,17-21.4,1.
Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado.
Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo.
Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra.
En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo.
El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.
Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.

Salmo 122(121),1-5.
Canto de peregrinación. De David. ¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la Casa del Señor"!
Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus, las tribus del Señor -según es norma en Israel- para celebrar el nombre del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David.

Evangelio según San Lucas 16,1-8.
Decía también a los discípulos: "Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'.
El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'.
'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz. 
 Lc 16,1-8
Leer el comentario del Evangelio por 
Concilio Vaticano II
Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual « Gaudium et spes », § 34
«Llenad la tierra y sometedla» (Gn 1,28)
     Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a sí la tierra y cuanto en ella se contiene, y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.

     Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

     Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racio¬nal pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio.


viernes 05 Noviembre 2010

Santa Silvia



Santa Silvia


(También escrito "Sylvia")
Madre del Papa San Gregorio Magno, nacida alrededor del 515 (525?); muerta alrededor del 592.


Todo lo que existe concerniente a la vida de ella son unas pocas y escasas noticias. Su lugar de nacimiento se localiza a veces en Sicilia a veces en Roma. Era de una familia distinguida como la de su marido, el  romano Gordiano.


Además de Gregorio, ella tuvo un segundo hijo. Silvia fue notoria por su gran piedad, y dio a sus hijos una excelente educación. Después de la muerte de su esposo se dedicó enteramente a la religión en la "nueva celda, al lado de la puerta del beato Pablo" (cella nova juxta portam beati Pauli).


El Papa San Gregorio Magno tenía un retrato en mosaico de sus padres, ejecutado en el monasterio de San Andrés, que es descrito minuciosamente por Juan Diacono (Johannes Diaconus ) (P.L., LXXV, 229-30). Silvia fue retratada sentada con la cara a la vista, y en la cual las arrugas de la edad no pudieron extinguir su belleza; los ojos eran grandes y azules, y la expresión graciosa y animada.


La veneración de Santa Silvia es de edad temprana. En el siglo IX se erigió un oratorio sobre su antigua vivienda, cercana a la Basílica de San Saba. El Papa Clemente VIII (1592 - 1605) inscribió su nombre el 3 de Noviembre en el Martirologio Romano. Es invocada por las embarazadas para un parto seguro.



Oremos




Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que diste a Santa Silvia, para que así, sirviéndote con sinceridad  y lealtad, a ejemplo suyo también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

"Fill the earth and subdue it" (Gn 1,28)

DAILY GOSPEL: 05/11/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Friday of the Thirty-first week in Ordinary Time


Letter to the Philippians 3:17-21.4:1.
Join with others in being imitators of me, brothers, and observe those who thus conduct themselves according to the model you have in us.
For many, as I have often told you and now tell you even in tears, conduct themselves as enemies of the cross of Christ.
Their end is destruction. Their God is their stomach; their glory is in their "shame." Their minds are occupied with earthly things.
But our citizenship is in heaven, and from it we also await a savior, the Lord Jesus Christ.
He will change our lowly body to conform with his glorified body by the power that enables him also to bring all things into subjection to himself.
Therefore, my brothers, whom I love and long for, my joy and crown, in this way stand firm in the Lord, beloved.

Psalms 122(121):1-5.
A song of ascents. Of David. I rejoiced when they said to me, "Let us go to the house of the LORD."
And now our feet are standing within your gates, Jerusalem.
Jerusalem, built as a city, walled round about.
Here the tribes have come, the tribes of the LORD, As it was decreed for Israel, to give thanks to the name of the LORD.
Here are the thrones of justice, the thrones of the house of David.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 16:1-8.
Jesus said to his disciples, "A rich man had a steward who was reported to him for squandering his property.
He summoned him and said, 'What is this I hear about you? Prepare a full account of your stewardship, because you can no longer be my steward.'
The steward said to himself, 'What shall I do, now that my master is taking the position of steward away from me? I am not strong enough to dig and I am ashamed to beg.
I know what I shall do so that, when I am removed from the stewardship, they may welcome me into their homes.'
He called in his master's debtors one by one. To the first he said, 'How much do you owe my master?'
He replied, 'One hundred measures of olive oil.' He said to him, 'Here is your promissory note. Sit down and quickly write one for fifty.'
Then to another he said, 'And you, how much do you owe?' He replied, 'One hundred kors of wheat.' He said to him, 'Here is your promissory note; write one for eighty.'
And the master commended that dishonest steward for acting prudently. "For the children of this world are more prudent in dealing with their own generation than are the children of light.
Lc 16,1-8
Commentary of the day 
Vatican Council II
Constitution on the Church in the modern world, «Gaudium et spes», §34 (©Libreria Vaticana editrice)
"Fill the earth and subdue it" (Gn 1,28)
Man, created to God's image, received a mandate to subject to himself the earth and all it contains, and to govern the world with justice and holiness; a mandate to relate himself and the totality of things to Him Who was to be acknowledged as the Lord and Creator of all. Thus, by the subjection of all things to man, the name of God would be wonderful in all the earth.

This mandate concerns the whole of everyday activity as well. For while providing the substance of life for themselves and their families, men and women are performing their activities in a way which appropriately benefits society. They can justly consider that by their labor they are unfolding the Creator's work, consulting the advantages of their brother men, and are contributing by their personal industry to the realization in history of the divine plan.

Thus, far from thinking that works produced by man's own talent and energy are in opposition to God's power, and that the rational creature exists as a kind of rival to the Creator, Christians are convinced that the triumphs of the human race are a sign of God's grace and the flowering of His own mysterious design.

                    

Friday, 05 November 2010

St. Bertilla, Abbess (7th century)



SAINT BERTILLA
Abbess
(7th century)
        St. Bertilla was born of one of the most illustrious families in the territory of Soissons (France), in the reign of Dagobert I. As she grew up she learned perfectly to despise the world, and earnestly desired to renounce it. Not daring to tell this to her parents, she first consulted St. Ouen, by whom she was encouraged in her resolution.
        The Saint's parents were then made acquainted with her desire, which God inclined them not to oppose. They conducted her to Jouarre, a great monastery in Brie, four leagues from Meaux, where she was received with great joy and trained up in the strictest practice of monastic perfection.
        By her perfect submission to all her sisters she seemed every one's servant, and acquitted herself with such great charity land edification that she was chosen prioress to assist the abbess in her administration.
        About the year 646 she was appointed first abbess of the abbey of Chelles, which she governed for forty-six years with equal vigor and discretion, until she closed her penitential life in 692.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

«¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido»

EVANGELIO DEL DÍA: 04/11/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Jueves de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario


Carta de San Pablo a los Filipenses 3,3-8.
Porque los verdaderos circuncisos somos nosotros, los que ofrecemos un culto inspirado en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, en lugar de poner nuestra confianza en la carne, aunque yo también tengo motivos para poner mi confianza en ella.
Si alguien cree que puede confiar en la carne, yo puedo hacerlo con mayor razón;
circuncidado al octavo día; de la raza de Israel y de la tribu de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, un fariseo;
por el ardor de mi celo, perseguidor de la Iglesia; y en lo que se refiere a la justicia que procede de la Ley, de una conducta irreprochable.
Pero todo lo que hasta ahora consideraba una ganancia, lo tengo por pérdida, a causa de Cristo.
Más aún, todo me parece una desventaja comparado con el inapreciable conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas, a las que considero como desperdicio, con tal de ganar a Cristo

Salmo 105(104),2-3.4-5.6-7.
Canten al Señor con instrumentos musicales, pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre, alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca!
Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos.

Evangelio según San Lucas 15,1-10.
Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".
Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla?
Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido".
Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte". 
Lc 15,1-10
Leer el comentario del Evangelio por 
Isaac de la Estrella (?-hacia 1171), monje cisterciense
Sermón 35; 2º domingo de Cuaresma
«¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido»
     Cuando llegó el tiempo de la misericordia (Sl 101,14), el Buen Pastor descendió de junto al Padre..., tal como había prometido desde toda la eternidad. Vino a buscar a la única oveja que se había perdido. Para ella fue prometido desde siempre; para ella fue enviado en el tiempo; para ella nació y se nos dio, predestinado eternamente para ella. Es única, sacada tanto de los judíos como de las otras naciones..., presente en todos los pueblos...; es única en su misterio, múltiple en las personas, múltiple por la carne según la naturaleza, única por el Espíritu según la gracia –es decir, una sola oveja y una innumerable multitud...

     Ahora bien, las que este pastor reconoce como suyas «nadie puede arrancarlas de sus manos» (Jn 10,28). Porque nadie puede forzar al verdadero poder, engañar a la sabiduría, destruir la caridad. Por eso habla con toda seguridad diciendo...: «Padre, de los que me has dado no se ha perdido ninguno» (Jn 18,9)...

     Fue enviado como verdad para los engañados, como camino para los extraviados, como vida para los que estaban muertos, como sabiduría para los insensatos, como remedio para los enfermos, como rescate para los cautivos, como alimento para los que morían de hambre. Siendo para todos ellos, se puede decir que fue enviado «a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (Mt 15,24) para que no se pierdan nunca jamás. Fue enviado como un alma a un cuerpo inerte para que, a su llegada, los miembros se calentaran de nuevo y vivieran una vida nueva, sobrenatural y divina: es la primera resurrección (Ap 20,5). Por eso él mismo puede declarar: «Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán» (Jn 5,25). Y puede, pues, decir a sus ovejas: «Escucharán mi voz y me seguirán» (Jn 10, 4-5).


jueves 04 Noviembre 2010

San Carlos Borromeo



San Carlos Borromeo 
Nacido en 1538 en la ribera del Lago Mayor (Lombardía), fue llamado a Roma en 1558 por su tío el Papa Pío IV, que le confió el gobierno de los negocios eclesiásticos, nombrándole cardenal. A sus veintidós años, Borromeo se convertía en el primer Secretario de Estado en el sentido moderno de la función.  

Como tal trabajó con denuedo por llevar a buen fin las últimas sesiones del Concilio de Trento (1562-1563). Al morir Pío IV (1565), Carlos Borromeo pasó a Milán, de donde había sido nombrado arzobispo dos años antes. El joven prelado no tuvo en adelante otro anhelo que hacer poner en práctica en su Iglesia las prescripciones del Concilio. 

  El cardenal Borromeo realizó plenamente el modelo de obispo postulado por el Concilio de Trento: reformador del clero por medio de sínodos y con la fundación de los primeros seminarios, restaurador de las costumbres del pueblo con sus visitas pastorales, que se extendían hasta los valles suizos, creador de múltiples obras sociales, padre de la ciudad hasta llegar a ofrecer su propia vida por ella con ocasión de la peste de 1576, vivo ejemplo de hombre evangélico...    

Si es cierto que resultaba de austera apariencia y de mano a veces dura era porque primero se exigía a si mismo. Es comprensible que Milán le haya concedido un puesto de privilegio junto a San Ambrosio entre sus padres en la fe.

Pero el influjo de San Carlos superó las fronteras de Lombardía: todos los obispos reformadores trataron de reproducir el modelo de su acción pastoral. Murió en 1584.

"Rejoice with me because I have found my lost sheep"

DAILY GOSPEL: 04/11/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Thursday of the Thirty-first week in Ordinary Time


Letter to the Philippians 3:3-8.
For we are the circumcision, we who worship through the Spirit of God, who boast in Christ Jesus and do not put our confidence in flesh,
although I myself have grounds for confidence even in the flesh.If anyone else thinks he can be confident in flesh, all the more can I.
Circumcised on the eighth day, of the race of Israel, of the tribe of Benjamin, a Hebrew of Hebrew parentage, in observance of the law a Pharisee,
in zeal I persecuted the church, in righteousness based on the law I was blameless.
(But) whatever gains I had, these I have come to consider a loss because of Christ.
More than that, I even consider everything as a loss because of the supreme good of knowing Christ Jesus my Lord. For his sake I have accepted the loss of all things and I consider them so much rubbish, that I may gain Christ

Psalms 105(104):2-3.4-5.6-7.
Sing praise, play music; proclaim all his wondrous deeds!
Glory in his holy name; rejoice, O hearts that seek the LORD!
Rely on the mighty LORD; constantly seek his face.
Recall the wondrous deeds he has done, his signs and his words of judgment,
You descendants of Abraham his servant, offspring of Jacob the chosen one!
The LORD is our God who rules the whole earth.

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 15:1-10.
Tax collectors and sinners were all drawing near to listen to Jesus,
but the Pharisees and scribes began to complain, saying, "This man welcomes sinners and eats with them."
So to them he addressed this parable.
What man among you having a hundred sheep and losing one of them would not leave the ninety-nine in the desert and go after the lost one until he finds it?
And when he does find it, he sets it on his shoulders with great joy
and, upon his arrival home, he calls together his friends and neighbors and says to them, 'Rejoice with me because I have found my lost sheep.'
I tell you, in just the same way there will be more joy in heaven over one sinner who repents than over ninety-nine righteous people who have no need of repentance.
Or what woman having ten coins and losing one would not light a lamp and sweep the house, searching carefully until she finds it?
And when she does find it, she calls together her friends and neighbors and says to them, 'Rejoice with me because I have found the coin that I lost.'
In just the same way, I tell you, there will be rejoicing among the angels of God over one sinner who repents." 
 Lc 15,1-10
Commentary of the day 
Isaac of Stella (?-c.1171), Cistercian monk
Sermon 35; Second Sunday of Lent
"Rejoice with me because I have found my lost sheep"
When the time of mercy had come (Ps 102[101],14) the Good Shepherd came down from his Father's side... as had been promised from all eternity. He came in search of the one sheep that had been lost. Promised to her from all eternity, he was sent to her in time; for her sake he was born and handed over, eternally predestined for her. She is unique, drawn from both Jews and Gentiles..., present among all peoples; she is one in her mystery, many in persons, many through the flesh according to nature, one through the Spirit according to grace - in short, one single sheep yet a crowd without number...

As for those whom this shepherd acknowledges as his own: «No one can snatch them out of his hands» (Jn 10,28). For true strength cannot be forced, wisdom cannot be deceived, charity cannot be destroyed, That is why he speaks with assurance, saying...: «I have lost none, Father, of all those you have given me» (Jn 18,9)...

He was sent as truth for the misled, way for the straying, life for the dead, wisdom for the foolish, medicine for the sick, ransom for captives and food for the starving. For all those, we might say, he was sent to «the lost sheep of the house of Israel» (Mt 15,24) that they might be lost no more. He was sent like the spirit into a rigid body so that, at his coming, its members might become warm again and quicken with a new, supernatural and divine life: this is the first resurrection (Rv 20,5). Thus he himself can say: «The hour is coming, and is now here, when the dead will hear the voice of the Son of God and those who hear it will live» (Jn 5,25). And so he can say of his sheep: «They will hear my voice and follow me» (Jn 10,4-5).


Thursday, 04 November 2010

St. Charles Borromeo, Archbishop of Milan († 1584) - Memorial



SAINT CHARLES BORROMEO
Archbishop of Milan
(1538-1584)
        About fifty years after the Protestant heresy had broken out, Our Lord raised up a mere youth to renew the face of His Church. In 1560 Charles Borromeo, then twenty-two years of age, was created cardinal, and by the side of his uncle, Pius IV., administered the affairs of the Holy See.
        His first care was the direction of the Council of Trent. He urged forward its sessions, guided its deliberations by continual correspondence from Rome, and by his firmness carried it to its conclusion. Then he entered upon a still more arduous work-the execution of its decrees.
        As Archbishop of Milan he enforced their observance, and thoroughly restored the discipline of his see. He founded schools for the poor, seminaries for the clerics, and by his community of Oblates trained his priests to perfection. Inflexible in maintaining discipline, to his flock he was a most tender father. He would sit by the roadside to teach a poor man the Pater and Ave, and would enter hovels the stench of which drove his attendants from the door.
        During the great plague he refused to leave Milan, and was ever by the sick and dying, and sold even his bed for their support. So he lived and so he died, a faithful image of the Good Shepherd, up to his last hour giving his life for his sheep.

martes, 2 de noviembre de 2010

Entregarnos totalmente a él

EVANGELIO DEL DÍA: 03/11/2010
¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Miércoles de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario

Carta de San Pablo a los Filipenses 2,12-18.
Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente.
Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor.
Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones:
así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo,
mostrándole la Palabra de Vida. De esa manera, el Día de Cristo yo podré gloriarme de no haber trabajado ni sufrido en vano.
Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría.
También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo.


Salmo 27,1.4.13-14.
De David. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.


Evangelio según San Lucas 14,25-33.
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. 
 Lc 14,25-33
Leer el comentario del Evangelio por 
San Macario (?-405), monje en Egipto
Homilías espirituales
Entregarnos totalmente a él
     ¿Cómo es posible que, a pesar de todos los ánimos y todas las promesas que nos hace el Señor, rechacemos entregarnos totalmente y sin reservas a él, y no renunciemos a todas las cosas e incluso a nuestra propia vida, tal como se dice en el Evangelio (Lc 14,26), y no le amemos sólo a él y a nada más que él? 


     Considera todo lo que ha sido hecho para nosotros: ¡cuánta gloria nos ha sido dada, cuántas cosas ha dispuesto el Señor a lo largo de la historia de salvación desde los padres y los profetas, cuántas promesas, cuántas exhortaciones, cuánta compasión por parte del Amo desde los orígenes! Al final manifestó su indecible solicitud hacia nosotros viniendo a vivir él mismo con nosotros y muriendo en una cruz para que nos convirtiéramos y llevarnos de nuevo a la vida. Y nosotros seguimos sin dejar de lado nuestra propia voluntad, nuestro amor a las cosas del mundo, nuestras predisposiciones y nuestros malos hábitos, pareciéndonos, en eso, a los hombres de poca fe e incluso sin fe alguna.


     Y sin embargo y a pesar de ello, fíjate como Dios se nos muestra lleno de una suave bondad. Nos protege y nos cuida invisiblemente; a pesar de nuestras faltas no nos entrega definitivamente a la maldad y a las ilusiones del mundo; según su enorme paciencia evita que perezcamos y de lejos nos acecha aguardando el momento que volvamos a él. 

                    


miércoles 03 Noviembre 2010

San Martín de Porres




San Martín de Porres





San Martín de Porres es muy popular en toda América. No sólo ejerce el atractivo que han ejercido siempre los sencillos cuando el Señor ha querido glorificarlos, sino que su misma persona constituye todo un símbolo.




Nacido en Lima (Perú) como hijo natural de un caballero español y de una mulata en 1579, representa entre los santos a los «coloured men» del Nuevo Mundo, a ese pueblo de gentes de color que se ven dolorosamente humillados por su condición de negros.




Era Martín enfermero cuando entró como terciario laico en el convento de Dominicos de Lima, en el que fue recibido a la profesión (1603) siguió ejerciendo su profesión dentro del convento para con sus hermanos. El cuidado que ponía por los enfermos se extendía aun a los animales: perros, gatos, pavos, y aun ratones, eran objeto de su solicitud. A Martín le agradaba el ayuno y la oración: sobre todo el orar de noche, a ejemplo de Jesús. En la oración obtenía grandes luces que hacían maravillosas sus lecciones de catecismo.




Su vida entera, oculta y radiante a un mismo tiempo se desarrolló dentro de un mundo lleno de ángeles y demonios en el que Martín conservó siempre una perfecta serenidad. Murió en 1639.






Oremos  



Señor, Dios nuestro, que llevaste a San Martín de Porres a la gloria celestial, por medio de una vida escondida y humilde, concédenos seguir de tal manera sus ejemplos, que merezcamos, como él, ser llevados al cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Abandoning ourselves entirely to him

DAILY GOSPEL: 03/11/2010
«Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life.» John 6,68


Wednesday of the Thirty-first week in Ordinary Time


Letter to the Philippians 2:12-18.
So then, my beloved, obedient as you have always been, not only when I am present but all the more now when I am absent, work out your salvation with fear and trembling.
For God is the one who, for his good purpose, works in you both to desire and to work.
Do everything without grumbling or questioning,
that you may be blameless and innocent, children of God without blemish in the midst of a crooked and perverse generation, among whom you shine like lights in the world,
as you hold on to the word of life, so that my boast for the day of Christ may be that I did not run in vain or labor in vain.
But, even if I am poured out as a libation upon the sacrificial service of your faith, I rejoice and share my joy with all of you.
In the same way you also should rejoice and share your joy with me.

Psalms 27:1.4.13-14.
Of David The LORD is my light and my salvation; whom do I fear? The LORD is my life's refuge; of whom am I afraid?
One thing I ask of the LORD; this I seek: To dwell in the LORD'S house all the days of my life, To gaze on the LORD'S beauty, to visit his temple.
But I believe I shall enjoy the LORD'S goodness in the land of the living.
Wait for the LORD, take courage; be stouthearted, wait for the LORD!

Holy Gospel of Jesus Christ according to Saint Luke 14:25-33.
Great crowds were traveling with Jesus, and he turned and addressed them,
If any one comes to me without hating his father and mother, wife and children, brothers and sisters, and even his own life, he cannot be my disciple.
Whoever does not carry his own cross and come after me cannot be my disciple.
Which of you wishing to construct a tower does not first sit down and calculate the cost to see if there is enough for its completion?
Otherwise, after laying the foundation and finding himself unable to finish the work the onlookers should laugh at him
and say, 'This one began to build but did not have the resources to finish.'
Or what king marching into battle would not first sit down and decide whether with ten thousand troops he can successfully oppose another king advancing upon him with twenty thousand troops?
But if not, while he is still far away, he will send a delegation to ask for peace terms.
In the same way, everyone of you who does not renounce all his possessions cannot be my disciple. 
 Lc 14,25-33
Commentary of the day 
Saint Macarius of Egypt (?-405), monk
Spiritual homilies
Abandoning ourselves entirely to him
How can it be that, in spite of such promises and incentives on the Lord's part, we refuse to abandon ourselves wholly and unreservedly to him and renounce all things, even life itself, in accordance with the Gospel (Lk 14,26) in order to love him alone and nothing but him?

Consider all that has been done for us: what glory has been given to us; what benefits granted by the Lord from the time of the fathers and prophets with the history of salvation in view; what promises, what encouragements, what compassion on our Lord's part ever since the beginning! And at the end he demonstrated his unutterable care for us by coming himself to dwell with us and dying on the cross to turn us back to him and bring us back to life. Yet we, we don't set aside our self will, our love of worldly things, our evil inclinations and habits, and thus we appear as people who have little or no faith at all.

And yet, in spite of this, see how God shows himself to us full of gentle goodness. He protects and cares for us invisibly; he does not completely abandon us to the world's wickedness and illusions, despite our sins; in his great patience he keeps us from perishing and watches from afar for the time of our turning back to him.


Wednesday, 03 November 2010

St. Martin de Porres, Religious (1579-1639)



SAINT MARTIN de PORRES
Religious

(1579-1639)
        Born at Lima in Peru in 1579 of a native mother and Spanish father, Martin entered the Dominican Order in Lima, where he continued his profession as medical assistant.
       He lived a life of fasting and prayer and died in 1639.


The Weekday Missal (1975)

Cabo de Palos: Oración de Liberación por nuestra ciudad.

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Cabo de Palos: Las claves para entender la simbología de la Sagrada Familia

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lunes, 1 de noviembre de 2010

«La creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto... también nosotros gemimos en nuestro interior aguardando la redención de nuestro cuerpo»

EVANGELIO DEL DÍA: 02/11/2010
 Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos


Libro de la Sabiduría 3,1-9.
Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no los afectará ningún tormento.
A los ojos de los insensatos parecían muertos; su partida de este mundo fue considerada una desgracia
y su alejamiento de nosotros, una completa destrucción; pero ellos están en paz.
A los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad.
Por una leve corrección, recibirán grandes beneficios, porque Dios los puso a prueba y los encontró dignos de él.
Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto.
Por eso brillarán cuando Dios los visite, y se extenderán como chispas por los rastrojos.
Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor será su rey para siempre.
Los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor. Porque la gracia y la misericordia son para sus elegidos.

Salmo 27,1.4.7.8.9.13-14.
De David. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor, y esto es lo que quiero: vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida, para gozar de la dulzura del Señor y contemplar su Templo.
¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste: "Busquen mi rostro". Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí. No alejes con ira a tu servidor, tú, que eres mi ayuda; no me dejes ni me abandones, mi Dios y mi salvador.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor.

Carta de San Pablo a los Romanos 6,3-9.
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.

Evangelio según San Mateo 25,31-46.
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.
Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.
Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.
Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.
Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.
Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna". 
Mt 25,31-46
Leer el comentario del Evangelio por 
San Efrén (hacia 306-373), diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Himno sobre el Paraíso, nº 5
«La creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto... también nosotros gemimos en nuestro interior aguardando la redención de nuestro cuerpo»
     La contemplación del Paraíso me ha encantado por su paz y su belleza. Allí reside la belleza sin mancha, allí reside la paz sin tumulto. Dichoso el que será digno de recibirlo, si no es por la justicia, al menos por la bondad; si no a causa de sus obras, al menos por piedad...

     Cuando mi espíritu regresó a los bordes de la tierra, madre de espinas, vinieron a mí dolores y males de toda clase. Así he aprendido que nuestra región es una cárcel. Y sin embargo, los cautivos que en ella están encerrados, lloran por salir de su seno. Me sorprendí también que los niños  lloran al salir del seno; lloran cuando salen de las tinieblas a la luz, de un espacio estrecho hacia el vasto universo. Así la muerte es para los hombres una especie de nacimiento. Los que nacen lloran al dejar el universo, madre de dolores, para entrar en el Paraíso de delicias.

     ¡Oh tú, Señor del Paraíso, ten piedad de mí! Si no es posible entrar en tu Paraíso, al menos hazme digno de los pastos de su entrada. En el centro del Paraíso está la mesa de los santos, pero en el exterior los frutos de su cercado caen como migajas para los pecadores que, incluso allí, vivirán gracias a tu bondad


martes 02 Noviembre 2010

Conmemoración de los fieles difuntos



BURGOS, sábado, 30 de octubre de 2010 

Nosotros celebramos el  cumpleaños el día de nuestro nacimiento. Y, cuando se pregunta a los  feudos por la fecha de nacimiento del familiar difunto, remiten también a  ese día. La Iglesia, en cambio, procede de otro modo. Para ella, "el  día del nacimiento" de sus hijos -el dies natalis- es el día de la muerte. Eso explica que cuando declara que alguno de ellos es santo, fija su celebración el día de su muerte, no el de su nacimiento.

Este modo de proceder no es una rareza ni un afán de singularizarse,  sino que responde a la idea que ella tiene de la muerte. La Iglesia es  consciente de que el hombre, como todos los seres vivos de la tierra,  cambia con el paso de los años, envejece y, al final, siente en su carne  la muerte corporal. Pero ella, a diferencia de quienes tienen una  concepción materialista del mundo y del hombre, profesa que la muerte no  es el final del hombre sino el final de su etapa terrena y de su  peregrinación por este mundo. Es el final del caminar terreno pero no el  final de nosotros mismos, de nuestro ser: nuestra alma es inmortal y  nuestro cuerpo está llamado a la resurrección al final de los tiempos.

La concepción que la Iglesia tiene de la muerte es, pues, profundamente  esperanzada. Me atrevería a decir que es incluso gozosa. Ella no ve en  la muerte una tragedia que nos destruye y sepulta en el reino de la  nada, sino la puerta que nos abre a una nueva vida; vida que no tendrá  fin. Por eso, el máximo enigma de la vida humana, que es la muerte,  queda iluminado con la certeza de una eternidad con Dios. Apoyada en  esta certeza creó muchos usos y prácticas funerarias. Por ejemplo,  sustituyó el término "necrópolis" -"ciudad de los muertos"- que encontró  en el ámbito del imperio grecorromano, por el de "cementerio" o  "dormitorio". En esa perspectiva llegó a sustituir el mismo término  "muerte" por el de "sueño". Las personas no se morían sino que se  dormían.

Por esa misma razón trató con gran respeto a los  cadáveres. Algunas de esas muestras perduran hasta el día de hoy, como  la de rociarlos con agua bendita y perfumarlos con incienso. La misma  costumbre de inhumar y no quemar los cadáveres arranca de esta misma  concepción antropológica. De hecho, aunque hoy permite la cremación de  los cadáveres, sin embargo exige que esa elección no se haga por razones  contrarias a la fe cristiana, a la cabeza de las cuales se encuentra la  resurrección de los muertos.

Esta idea de la vida y de la  muerte del hombre es una fuente inagotable de consuelo. Una esposa o una  madre, por ejemplo, dicen a su cónyuge o a su hijo mas que "adiós",  "hasta luego" o "hasta pronto", sabedores de que un día volverán a  encontrarse. El ramo de flores que depositamos en la tumba de nuestros  antepasados, expresa nuestro convencimiento de que ellos perviven y de  que nosotros nos sentimos unidos a ellos con vínculos realísimos. Lo  mismo ocurre con el diálogo que tantas veces mantenemos con ellos: no es  un sentimentalismo vano, sino que responde a una realidad muy profunda.

La comunión de vida, afectos y creencias que hemos mantenido en la  vida, no se destruyen sino que se subliman; por eso, rezamos por  nuestros difuntos y por eso rezamos a nuestros difuntos. Esta comunión  es particularmente intensa en la celebración de la Eucaristía, pues en  ella nos unimos con vínculos especiales todos los que somos miembros de  Cristo, con independencia de que peregrinemos todavía en este mundo o  hayan llegado ya al final y se purifiquen o gocen de la visión de Dios.

La muerte no es nunca una comedia. Menos todavía, una tragicomedia.  Para quienes creemos en Jesucristo una puerta de fe y esperanza que nos  introduce en el encuentro definitivo con él y con todos los que hemos  estado unidos aquí abajo. Sólo por esto vale la pena ser cristiano.



Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos



Conmemoración de todos los fieles difuntos

La solemnidad de Todos los Santos no podía por menos de provocar el recuerdo de los Fieles difuntos, presentes todos los días en la oración de la Iglesia. La fecha del 2 de noviembre se fijó a comienzos del siglo Xl. La súplica por los difuntos pertenece a la más antigua tradición cristiana, lo mismo que la ofrenda del sacrificio eucarístico para que «brille sobre ellos la luz eterna».

En todas las misas, la Iglesia pide, por supuesto, por «cuantos descansan en Cristo», pero también extiende su súplica en favor de «todos los muertos cuya fe sólo el Señor conoce» y por «cuantos murieron en su amistad»   Al orar por todos los que han abandonado este mundo, pedimos también a Dios «que, al confesar la resurrección de Jesucristo, su Hijo, se afiance también nuestra esperanza de que todos sus hijos resucitarán» Si creemos que «todos volverán a la vida es porque Jesús nos dijo: «Yo soy la resurrección y la vida, y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre»   Afirmamos, por fin, en nuestra oración, que Jesús es el lazo de unión con nuestros hermanos difuntos: «a Él nos unimos por la celebración del memorial de su amor» en especial en la celebración del «misterio pascual», con la comunión en su cuerpo y sangre.







Himno ( laudes)

¡Que misterio tan profundo

éste de mi propio ser:

he surgido del no-ser

y me exalto y me confundo,

mientras cantando me hundo

en mi nada, y sombra, y lodo!



Soy cadáver a tu modo,

soy sueño, soy despertar,

soy vida, soy palpitar,

soy luz, soy llama, soy todo.



Muerte, que das a mi vida

trascendencia y plenitud,

muerte que ardes de inquietud

como rosa amanecida,

cuando llegues encendida y

silenciosa a mi puerto,

besaré tu boca yerta  y,

en el umbral  de mi adiós,

al beso inmenso de Dios

me dispondrás, muerte muerta. Amén



Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Himno  (vísperas)

Si morir no es despertar,

si es simplemente morir,

¿para qué, muerte, vivir?

¿para que, muerte, empezar

esta angustia, este llorar?



Mas, si eres umbral y puerta

del misterio, si honda y cierta

aseguras mi esperanza,

¡que cima de luz se alcanza

viviendo una vida muerta!. Amén



Nota:  La Iglesia ofrece el Sacrificio eucarístico y su intercesión por los difuntos, no sólo en sus exequias y en su aniversario, sino también en la Conmemoración que cada año hace de todos sus hijos que duermen en el Señor, y procura con esmero ayudarlos con eficaces sufragios para que puedan llegar a la comunidad de los ciudadanos del cielo. De esta manera, mediante la comunión entre todos los miembros de Cristo, mientras implora para los difuntos el auxilio espiritual, brinda a los vivos el consuelo de la esperanza. Hay que esmerarse en fomentar la esperanza de la vida eterna, de tal manera que no se menosprecie la manera de pensar y obrar propia de las gentes en relación con los difuntos. Acéptese todo lo bueno que se encuentre en las tradiciones familiares, y en las costumbres locales. Pero aquello que parezca contradecir el espíritu cristiano, esfuércese en transformarlo de tal manera que el culto que se da a los difuntos manifieste la fe pascual y haga ver el espíritu evangélico. (Ceremonial de Obispos, núm. 395-396).